Agua: geoestrategia, poder y luchas

En el curso de la Historia, con frecuencia el agua ha sido un instrumento en las manos de los políticos y un instrumento de geoestrategia. Un ejemplo: bajo la presión de los Estados Unidos, opuestos al Egipto del Coronel Nasser, la Banca Internacional llegó, en julio de 1956, a un principio de acuerdo firmado con ese país para financiar la construcción de la presa de Asuán; sin embargo, la obra se inauguraría en 1970, fundamentalmente gracias a la ayuda soviética. Madeleine Albright, Secretaria de Estado de los EE.UU., exhibía su voluntad de otorgar un lugar primordial a las cuestiones del agua en la política extranjera de su país y proponía -ubicando así decididamente el agua en el campo de la geoestrategia- "una alianza global de segundad sobre el agua" afirmando, en abril de 2000 y con ocasión de la Jornada de la Tierra: "Tengo en mente no una alianza como la OTAN, limitada a algunos países y formada sólo por gobiernos, sino más bien una alianza menos formal, accesible a todos los que comprendan la urgencia de trabajar juntos para conservar un agua transfronteriza, cuidarla de manera inteligente y utilizarla bien/' Después de la guerra de Irak de 2003, su sucesor, Colin Powell, se lamenta que "más de mil millones de personas no tienen agua propia para beber" y que "dos mil millones de perso ñas no disponen de saneamiento adecuado", subrayando que la iniciativa del Presidente George W. Bush, Mülennium Challenge Account (MCA), es un instrumento poderoso para "incorporar a naciones enteras en un círculo de expansión de oportunidades y de iniciativas"

Juego de poder

Por otra parte, algunos analistas árabes piensan que a través del conflicto entre cristianos y musulmanes en Sudán, los Estados Unidos buscan controlar el agua del Nilo para que se beneficie Israel, su principal aliado en la región, y para tener dominio sobre Egipto, líder del mundo árabe2. En cuanto a Karl Marx, describía lo que llamaba las "sociedades hidráulicas", esas sociedades donde el Estado dirige y administra enormes trabajos ejecutados colectivamente. Centralismo (¿despotismo?) hidráulico en el Egipto de los faraones, en Mesopotamia, en China y en otros lugares... Los historiadores intentan explicar, en el caso del antiguo Egipto, que "la unidad es necesaria a fin de vigilar la crecida, organizar y esperar la inundación bienhechora del Nilo", al igual que intentan explicar el poder divino del faraón. El Rey, dijo un visir del Imperio Nuevo, "es un Dios cuyas acciones hacen vivir." De hecho, gracias a su poder divino las cosechas son abundantes, porque el dios Nilo, fuente de toda prosperidad, lo respeta4. Es cierto que la historia prueba que en Babilonia, al igual que en Egipto, el orden regular y la disciplina son indispensables para el buen empleo del agua de los ríos y para la explotación racional de su fertilidad natural. Pero hay algunos aspectos descuidados:
"La centralización del poder que fue resultado de la unificación del paí era, sin ninguna duda, un acto político de envergadura que entrañaba un refoi zamiento del Estado. La administración de un territorio tan extenso, la supervi sión de un complicado sistema de irrigación, así como la construcción de canale y de diques implicaba... el desarrollo, o más bien el desarrollo excesivo de 1 burocracia", escribe el egiptólogo Michalowski.
Paradójicamente, ese tipo de situación perdura más o menos ei nuestros días: el agua sigue siendo un instrumento para controlar a los pueblos. Tal es el caso de México, un ejemplo entre mucho: otros. Así vemos que, durante las elecciones presidenciales mexica ñas de 2000, en la desheredada ciudad-dormitorio de un millón de almas de Chimalhuacan, La Loba, un miembro del PRI (partido er el poder desde hacía 70 años), controla la red local de distribuciói de agua potable y "para asegurarse los votos de un barrio, no duda en cortar el agua corriente". ¡En ese período electoral, los camioneí cisterna de la alcaldía se acuerdan de la existencia de los habitante? de las villas miseria de la ciudad y les suministran, al fin, agua! Le que provoca entonces este comentario de un observador: "Si de le pobreza se puede hacer un negocio, ¿dónde está la democracia?' Igualmente, utilizando el agua, el gobierno del país más rico d< África, Botsuana, decidió sedentarizar a la fuerza a los bosquima nos, para que disfruten de "los beneficios de la civilización" pues dijo, de manera perentoria, el presidente Festus Mogae: "ya no sé puede vivir de la caza y de la recolección". De hecho, afirma ur periódico, "el Estado quiere meter mano a sus tierras". Entonces el gobierno dejó de suministrar agua a las comunidades que vivían en la reserva, alegando que los gastos de transporte eran muy elevados, cuando la Unión Europea declaraba estar dispuesta a financiar ese transporte. Por desgracia, esa táctica represiva funcionó a la perfección y ya prácticamente logró que la totalidad de los habitantes abandonaran la zona. Muchos de ellos, que se han instalado en nuevos poblados, declaran que era eso o morir de sed. Un responsable de la ONG Survival International afirma: "Les quitaron el agua para obligarlos a ir a los campos del gobierno, donde son despojados de su modo de vida tribal y reducidos al estado de borrachos y de mendigos apáticos."


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