Agua: reparto y gestión problemáticos
Además la mayoría de las veces, en muchos países, las disparidades espacial y temporal están en el origen de las crisis y de los conflictos.
Los cuatro países del Golfo -Bahrein, Kuwait, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos-, que obtienen el 75% de su agua mediante desalinización del agua de mar, tienen, de hecho, tan poca agua dulce que recurren a una costosa desalinización del agua de mar. El verdadero costo de la desalinización y del transporte del agua, ciertamente considerable, es un secreto de Estado en Arabia Saudita. Antes del boom petrolero, Kuwait importaba el agua de Irán mediante una flotilla de barcos y de veleros. Bahrein tiene tan poca agua dulce que recurrir a la desalinización es lo único que está en condiciones de responder a las necesidades. El 70% del agua potable de Arabia Saudita -país desértico- viene del mar, por la vía de la desalinización, por supuesto, pues en ese reino petrolero la energía está disponible a bajo precio.
Está claro que la desalinización es todavía muy onerosa y poco adaptada para la inmensa mayoría de los países en estado de estrés hídrico, y es evidentemente impracticable en los casos de los países de tierra adentro, tales como Malí, Chad o Níger. El Presidente Kennedy afirmaba que la nación que desarrollara un buen procedimiento de desalinización recibiría ganancias mucho más sosteni-bles que los países que desearan ser los primeros en el espacio. En los Estados Unidos, precisamente, la situación es tal que Texas, California y Florida elaboran proyectos de desalinización para el futuro próximo. Estos Estados encuentran dos ventajas principales en la desalinización del agua de mar: la sequía no hace mella alguna sobre esa técnica, evidentemente, y, por otra parte, es perfectamente fiable... salvo si el agua de mar está contaminada por hidrocarburos. Pronto funcionará en Tampa (Florida) la más importante unidad de desalinización del hemisferio occidental. Producirá 25 millones de galones (cerca de 100 millones de litros) de agua potable al día; o sea, el 10% de las necesidades de la ciudad. Esta unidad funcionará según el procedimiento de osmosis inversa, consistente en hacer pasar el agua de mar a través de una membrana que ejerce sobre ella una presión muy fuerte. Por el contrario, por cada litro de agua potable obtenido se tendrá un litro de salmuera. El procedimiento que utiliza membranas ha devenido, con los progresos técnicos alcanzados, cada vez menos oneroso y cada vez más eficaz; de ahí su atractivo. Sin embargo sigue siendo muy costoso en el plano energético.
Los especialistas han subrayado que -por lo menos en el caso de los Estados Unidos- el costo de la desalinización debe considerarse desde el punto de vista que ha exigido la construcción de nuevas presas, de nuevos embalses y de plantas de reciclaje, así como la perforación de nuevos pozos para el suministro de agua a las ciudades. Para los ambientalistas, la desalinización no es atractiva: en la costa, hay que ubicar cada unidad de una central eléctrica contaminadora y antiestética, y la cantidad de salmuera que echa tendrá un impacto negativo en el ecosistema marino. Algunos teóricos plantean la cuestión del agua virtual para los países deficitarios: la importación de productos alimentarios no es, a fin de cuentas, más que la importación de agua disfrazada; esos países deberían recurrir al suministro de alimentos desde el extranjero y producir en el país una alta tecnología que genere las divisas necesarias para realizar las compras, y deberían reducir la cantidad de agua necesaria para la producción local, en el marco del libre intercambio comercial.
La trampa, aquí, está en que una agricultura menos necesitada de agua, a pesar de todo, puede aumentar la dependencia agrícola y alimentaria respecto a los grandes grupos agroalimentarios. Así vemos que, en Israel, se levantan voces en contra de las extracciones exorbitantes de agua hechas para la agricultura (86%) en comparación con la contribución de ese sector al PIB (1,8%), cuando el agua le es entregada a una tarifa preferencial: se trata de un discurso nuevo porque, durante mucho tiempo, los dirigentes, por razones de pura propaganda, han exaltado "los éxitos" de la agricultura israelí, de la que se decía que había hecho reverdecer el desierto y, a título de ello, los granjeros han usado y abusado del agua con la anuencia del establishment. Pero ya ha pasado el momento de esta retórica engañosa. Christian Salmón, director ejecutivo del Parlamento Internacional de Escritores, después de haber visitado la ciudad de Jénine y Palestina, describió la devastación que encontró allí:
"... ¡En los accesos de las colonias, las casas fueron destruidas, arrancados los olivares, arrasados los naranjales para mejorar... la visibilidad!... Ya, en los años 1950, para borrar las huellas de los poblados palestinos destruidos, fueron plantados bosques de abetos en lugar de olivos o naranjos.. ."
Evocando las fronteras móviles que la autoridad israelí de ocupación desplaza a su antojo, Salmón agrega: “La frontera se mueve. Rodea los poblados, los puntos de agua”
Las lluvias y las precipitaciones dan cantidad de agua a la tierra. Pero la cantidad total de agua que cae del cielo no es un indicador infalible. Para el geógrafo Jean Despois:
"Sea cual sea su interés, los promedios pluviométricos no son más que abstracciones; los vegetales y los animales, la agricultura y la ganadería no viven de promedios, sino de realidades... De la repartición de las lluvias dependen las cosechas y los pastizales; es ella la que contribuye a la felicidad o la aflicción de las personas", y concluye: "Cuando la tierra tiene sed, elfellah tiene hambre."