Agua: reparto y gestión problemáticos
El agua existe en una cantidad finita sobre la tierra, y ello, prácticamente, es así desde su aparición en el cosmos. Es un dato físico. Repartida de manera uniforme en el planeta, esta cantidad permitiría satisfacer las necesidades de una población diez veces superior a la actual. Pero el agua no está distribuida de manera equitativa en el planeta. Lejos de ello, pues si bien en Islandia cada persona dispone de 600.000 m3 de agua dulce, en Kuwait cada quien se debe contentar con 75 m3.
En lo que se refiere a las precipitaciones, éstas se caracterizan por una formidable diversidad; los extremos se sitúan en el Norte de Chile, donde prácticamente no llueve jamás, y en los bosques tropicales y algunas cumbres frías que condensan las nubes y recolectan hasta 2.400 mm de lluvia.
Un recurso muy mal repartido
De hecho, veintitrés países poseen las dos terceras partes de los recursos mundiales de agua: se trata -además de los catorce países de la Unión Europea- de Brasil, Canadá, Estados Unidos, India, Indonesia y Rusia. Asia alberga el 60% de la humanidad, pero no dispone más que del 36% de los recursos de agua del planeta, mientras que América del Norte y América Central disfrutan del 15% de las aguas de la tierra para el 8% de sus habitantes. India, cuya población viene exactamente después del Imperio del Medio, no dispone más que del 4% de las aguas del globo. En cuanto a los países árabes, que representan el 10,3% de la superficie terrestre y el 4,5% de la población mundial, poseen sólo el 0,43% de los recursos hídricos recuperables y se benefician sólo con el 2% de las lluvias del planeta. Para los seis países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo, el déficit de agua en relación con las necesidades es de 15 mil millones de metros cúbicos.
Pero, a despecho de estas cifras, India en sentido general no está falta de agua. Está en condiciones de abastecer a todos sus pobladores, incluso cuando el monzón es decepcionante. Las dificultades provienen del hecho de que el subcontinente recibe su agua en el curso de los cuatro meses de monzones, y que algunas regiones están mucho menos bañadas que otras. Por no decir nada de la mala gestión del agua: los canales pierden en la India el 70% de su agua antes de que llegue al consumidor.
China, que cuenta con el 22% de la población total del globo, no tiene más que el 8% de las aguas del planeta: la penuria de agua, que afecta a 60 millones de chinos, provoca "raids" de campesinos -verdaderos levantamientos- en busca de tierras cultivables. Los dirigentes chinos creyeron que los problemas del agua serían solucionables con el crecimiento económico y han perdido en ambos campos: la degradación ecológica y el agotamiento de los recursos cuestan al país del 8 al 12% de su PIB. En agosto de 2001 el viceprimer ministro chino declaró a Le Monde que la falta de agua es un obstáculo serio al desarrollo de su país. En febrero de 2003 se anunció un ambicioso y gigantesco programa de desvío de los grandes ríos hacia las planicies del Norte que sufren de sequía y cuyas capas han sido sobreexplotadas por una industrialización anárquica. La primera fase terminaría en 2010 y el gobierno chino planea invertir en ello cerca de 19 mil millones de dólares. Por ahora, de un total de 668 ciudades, 400 están faltas de agua, millones de chinos beben agua contaminada y se han registrado disturbios campesinos en los campos, según las propias declaraciones oficiales.
El problema del aprovisionamiento de agua es multiforme, pues los recursos hídricos se presentan en forma de agua potable, de agua dulce, de agua salada (98% del agua en la tierra), de mantos freáticos... incluso de agua "azul" corriente, móvil (los ríos) y de agua "verde" de evaporación que alimenta los principales biomas de las zonas templadas y tropicales del mundo. Los recursos naturales satisfacen nuestras necesidades de agua hasta el 85% y sobre ellos ejercen una gran influencia las actividades humanas: 20.000 lagos canadienses están afectados por las lluvias acidas. Se estima que en el siglo XXI, el problema del agua será más preocupante que el de los recursos alimentarios o energéticos; y para Terence Corcoran, editor del Financial Times de Toronto, el agua será "el petróleo del siglo XXI". Pero esas previsiones no son unánimes y el ecologista indio Añil Agarwal declaraba en La Haya, en marzo de 2000, "que no hay escasez de agua", y que el remedio a la crisis consiste en poner fin a la mala gestión del agua. Hay que darle la razón, pues la escasez es una relación social con las cosas y no una característica inherente a las cosas. Se notará, sin embargo, que el capitalismo sólo puede funcionar basado en el concepto de la escasez. Por lo tanto, hay que ser muy prudente desde que se habla de crisis del agua y buscar siempre a quién puede beneficiar la crisis.