Agua y salud
El agua es vida. Sin agua no hay vida posible. Un hombre no puede estar sin beber más de dos días, mientras que puede estar semanas sin comer. Una deshidratación del 2% implica una pérdida del 20% de las capacidades físicas. Pero si bien un individuo sano necesita beber dos litros de agua al día para mantenerse vivo, necesitará más si sufre de malnutrición o si vive en un clima tropical. De hecho, la sed se hace presente desde el momento en que nuestro organismo ha perdido el 1% de sus fluidos, y si esa pérdida es igual al 10% entonces ya se presentan peligros de muerte. La constancia del volumen del agua corporal está asegurada por un doble control que se relaciona con el aporte y con la eliminación. El aporte -ingestión de agua- depende de una sensación, la sed, que se desencadena por una parte profunda del cerebro (un órgano situado debajo del fornix) por intermedio de una hormona: la angiotensina. El agua del organismo se controla también por los sistemas que la expulsan al exterior: los ríñones y la piel. La transpiración y la perspiración permiten que el agua salga del cuerpo y están bajo el control del sistema nervioso vegetativo.
El agua, en su calidad de elemento indispensable para la vida y la salud, está desde ahora inscrita en los derechos fundamentales del ser humano. Gracias a la movilización ciudadana, a las luchas y en ocasiones a las muertes, el Comité de las Naciones Unidas para los Derechos Económicos, Sociales y Culturales ha tomado la iniciativa de incluirla, en 2002, en el comentario general del Pacto Internacional relativo a los derechos económicos, sociales y culturales. Los 145 países que han ratificado ese Pacto desde ese momento están en la obligación de asegurar progresivamente a las poblaciones el acceso universal a un agua salubre, y hacerlo de manera equitativa y sin discriminación. Sin ningún género de dudas, se trata de un paso importante hacia la transformación de la política del agua.
La influencia del agua sobre la salud ha sido señalada desde tiempos inmemoriales y, por ejemplo, Ibn Batuta, al visitar Basora en el siglo XIV, señala:
"Al-Basrah se encuentra en la orilla de la confluencia de los ríos Tigris y Eufrates. La marea se siente en el río... Cuando la marea está alta, el agua salada predomina sobre el agua dulce, y sucede lo contrario cuando baja la marea. Como los habitantes de Al-Basrah utilizan esa agua para sus necesidades domésticas, se dice que su agua es salobre. Por esta razón el aire de Al-Basrah es insalubre y la tez de sus habitantes, amarilla y macilenta, se ha hecho proverbial".
Por su parte André Gide, que visitó el Congo en 1925, escribió en su obra Viaje al Congo: "La ciudad flota dentro de un vasto cerco... Un brazo muerto del Logone llega casi hasta ella. Ciénagas, fiebre, mosquitos. En una aldea se indica: 'Curiosa epidemia incomprensible, y en seguida agrega: 'El agua del lugar tiene el color del café con leche; pero no el sabor, desgraciadamente.”
Enfermedades hídricas: ¡tantas muertes como si 300 Boeings se estrellaran por día!
Un adagio médico dice: "El ser humano bebe el 80% de sus enfermedades" y, de hecho, a escala global, una de cada dos camas de hospital está ocupada por un paciente que sufre de alguna enfermedad relacionada con el agua. Pero Halfdan Mahler, ex Director General de la OMS, afirmaba: "La cantidad de grifos por millar de personas se convertirá en un mejor indicador de salud que la cantidad de camas en los hospitales".
"Proteger el agua es proteger la vida", ha declarado solemnemente la Asamblea General de la OMS en 1993. Y, sin embargo...
Cifra terrible, desgraciadamente considerada banal a fuerza de ser citada y repetida: según la ONU, 36.000 personas mueren diariamente en el mundo por falta de agua potable y por carencia de saneamiento. ¡Equivale a 300 Boeings que se estrellaran contra el suelo en un día! ¡Con la indiferencia más absoluta! Más de mil millones de seres humanos no tienen acceso al agua potable, y otros dos mil millones no poseen redes de eliminación de aguas residuales ni el agua suficiente para una higiene adecuada. La OMS evalúa en más de 1.500 millones el número de seres humanos infectados por parásitos provenientes de materias fecales. Esta organización, al investigar el origen del SRAS en mayo de 2003, se interesaba especialmente en los "mercados húmedos" de China, donde "los consumidores adquieren ratas, tortugas y serpientes vivas, y donde las condiciones sanitarias son con frecuencia mediocres, al ser posible que el agua permita que los virus de los animales pasen al hombre.
El plan nacional de acción por el medio ambiente de Costa de Marfil, de 1994, reconocía que las inversiones para la evacuación de las aguas residuales no beneficiaban más que al 30% de los habitantes de Abiyán. En Bouaké, la segunda ciudad del país, existen sólo algunas redes esporádicas, construidas dentro del marco de operaciones inmobiliarias, que reciben alrededor del 26% de las aguas residuales. Los sistemas de tratamiento asociados a esas redes embrionarias no son funcionales, carecen de mantenimiento. Por toda la Costa de Marfil hay un vertido anárquico de detritos de cloaca en los charcos, los terrenos baldíos, las calles2... y como la construcción de una fosa requiere varios miles de francos CFA, muchas son las poblaciones que practican el vertido directo, como se hace todavía en la India. De manera semejante, la mitad de la segunda ciudad de Egipto, Alejandría, no tiene red de alcantarillado. Sorprendente contraste en el Norte: en Québec, al inicio de 1980, sólo el 2% de la población conectada a una red de alcantarillado municipal estaba comunicada mediante una estación de depuración. Veinte años más tarde, a inicios de 2000, ese porcentaje llegó al 98%. ¡Lo que está muy lejos de los países del Sur! La ONG Médicos sin fronteras entregó un testimonio de primera mano sobre la epidemia de cólera a lo largo del río Congo:
"., .La provincia de Nord Katanga, en la R. D. del Congo, es una región propicia para la propagación del cólera. Esta enfermedad contagiosa y mortal se ha manifestado vivamente este año... Remontando el río Congo es que se comprende cómo la epidemia se ha propagado. En las riberas del río y en las de los numerosos lagos que adornan esta región, los pescadores viven en condiciones extremadamente precarias. En esos campamentos instalados provisionalmente para la estación de la pesca, las poblaciones beben aguas contaminadas por las defecaciones de los habitantes y venden pescados infectados en los mercados de los alrededores. Aprovechando a la vez las piraguas y la corriente, el vibrión hace estragos, de poblado en poblado, a todo lo largo del río. Así comenzó la epidemia en febrero de 2002. Pero a finales de julio, terminando la estación seca, el número de casos aumenta significativamente en la zona..."