El agua en números
Aunque el 70% de la superficie del mundo está cubierta por agua, solamente el 3% del agua disponible es dulce, mientras que el restante 97% es agua salada. Casi el 70% del agua dulce está congelada en los glaciares, y la mayor parte del resto se presenta como humedad en el suelo, o yace en profundas capas acuíferas subterráneas inaccesibles.
Menos del 1% de los recursos de agua dulce del mundo están disponibles para el consumo humano. La tercera parte de los países en regiones con gran demanda de agua podrían enfrentar una escasez severa de agua en este siglo, y para el 2025, dos tercios de la población mundial probablemente vivan en países con escasez moderada o severa.
La distribución de los recursos de agua dulce es muy desigual. Las zonas áridas y semiáridas del mundo constituyen el 40% de la masa terrestre, y éstas disponen solamente del 2% de la precipitación mundial.
La agricultura por irrigación es responsable del consumo de aproximadamente el 70% del agua, y hasta del 90% en las regiones tropicales áridas. Los consumos de agua para la irrigación han aumentado más de un 60% desde 1960.
Al ritmo actual de inversiones, el acceso universal al agua potable no podrá anticiparse razonablemente hasta el año 2050 en África, el 2025 en Asia y el 2040 en América Latina y el Caribe. En general, para estas tres regiones, que comprenden el 82,5% de la población mundial, el acceso durante los años noventa aumentó de 72 a 78% de la población total, mientras que el saneamiento aumentó de 42 a 52%.
En los países en desarrollo, entre el 90 y el 95% de las aguas residuales y el 70% de los desechos industriales se vierten sin ningún tratamiento en aguas potables que consecuentemente contaminan el suministro del agua utilizable.
Aproximadamente el 94% de la población urbana tuvo acceso al agua potable al final del 2000, mientras que el índice para los habitantes en áreas rurales era solamente del 71%. Para el saneamiento, la diferencia era aún mayor ya que el 85% de la población urbana estaba cubierta, mientras que en las áreas rurales, solamente el 36% de la población tuvo saneamiento adecuado.
La escasez de agua dulce es uno de los siete problemas ambientales fundamentales presentados en el Informe «Perspectivas del Medio Ambiente Mundial» del PNUMA. Es más, en una encuesta realizada a 200 científicos lo señalaban, junto al cambio climático, como el principal problema del siglo actual. De forma sencilla se puede decir que estamos alcanzando el límite de extraer agua dulce de la superficie terrestre, pero el consumo no deja de aumentar. Sin embargo, una gran amenaza la constituye el efecto que el cambio climático tendrá sobre el ciclo hidrológico y la disponibilidad de agua dulce. Básicamente se agravarán las condiciones de escasez de las zonas que ya son áridas (menos lluvias y mayor evaporación).
Actualmente el 20 % de la población no tiene acceso a agua de calidad suficiente y el 50% carece de saneamiento. África y Asia Occidental son las zonas de mayor carencia. De forma simplificada podríamos decir que en los países enriquecidos el problema del agua afecta sobre todo a la conservación de la naturaleza y a las posibilidades de crecimiento económico, mientras que en el sur, además de todo eso, la falta de agua potable es la causante directa de enfermedades como la diarrea y el cólera que causan la muerte de 15 millones de niños cada año.
El consumo global de agua dulce se ha multiplicado por 6 entre 1900 y 2005 mientras que la población sólo lo ha hecho por 3. ¿Superpoblación o superconsumo?. La agricultura se lleva el 70% de agua dulce consumida por el uso de técnicas de riego inapropiadas. El consumo industrial se doblará en el 2050 y en países de rápida industrialización como China se multiplicará por 5. El consumo urbano también aumenta con la renta per cápita, sobre todo en usos recreativos (campos de golf, parques y jardines, etc.) y derivados del turismo.
Por otro lado la pérdida de calidad del agua dulce por contaminación repercute muy gravemente en su disponibilidad para consumo, una vez superada la capacidad natural de autodepuración de los ríos. En primer lugar la contaminación difusa de origen agropecuario a través del uso incontrolado de pesticidas tóxicos y fertilizantes (N y P) produce la eutrofización (crecimiento excesivo de algas y muerte de los ecosistemas acuáticos) pero llega a causar enfermedades cancerígenas a las altas concentraciones que se dan en el sur. En segundo lugar la contaminación industrial por metales pesados, materia orgánica y nuevos compuestos tóxicos (PCB, etc.) se multiplicará por 4 para el 2025. Por último la contaminación urbana se da sobretodo en las mega ciudades del sur y a sus cinturones de miseria.
Otro gran problema a nivel mundial es el de las aguas subterráneas. Estas constituyen el 97 % del agua dulce terrestre frente al ridículo 0.015% del agua superficial embalsable. El 33 % de la población mundial, sobre todo la rural, depende de ella, pero está amenazada tanto por la contaminación de los acuíferos como por la mala utilización de los pozos existentes. La sobreexplotación de éstos provoca el descenso de la capa freática y hace necesario excavar más hondo; el aumento de costes que esto supone perjudica primero a los más pobres. Cuando esto sucede en zonas costeras el agua del mar penetra y saliniza los acuíferos subterráneos (como ocurre en el litoral mediterráneo).
Por último, tanto a nivel nacional como mundial el agua dulce no está homogéneamente distribuida ni geográfica ni temporalmente. Por ello se están ya produciendo muchos conflictos por el acceso al agua, sobre todo internacionales pero también intranacionales. Este es un problema que se está agravando muy rápidamente, por lo que empezamos a asistir a verdaderas guerras del agua. Sin embargo, esta distribución desigual se utiliza a menudo como excusa para la construcción de grandes embalses y trasvases que ocultan motivaciones puramente económicas y una política hidráulica derrochadora.
Dado que la causa real de las injusticias derivadas del agua no se deben a una causa natural sino a la lógica imperialista del sistema, la principal línea de acción debe ser combatirla en todos sus frentes.