¿Qué es el cambio climático?

Según la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, se trata de «un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana, que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables». En este sentido, se calcula que la temperatura media global ha aumentado aproximadamente un poco menos de un grado centígrado (0,74°C) desde los inicios de la Revolución industrial. Pero este aumento no es parejo: se considera que en Europa este aumento es de 0,95°C y en España se ha incrementado en 1,5°C en las tres últimas décadas.
Este calentamiento se produce de la siguiente manera: la vida en la Tierra depende de la energía del sol. Aproximadamente el 30 % de los rayos solares que llegan a la Tierra son reflejados por la atmósfera; el resto llegan a la superficie del planeta proporcionando la energía necesaria para que se produzca la vida. Posteriormente son evacuados hacia el espacio a través de lo que se llama radiación infrarroja. Esta radiación es en parte frenada por gases de efecto invernadero que atenúan su salida al espacio. Aún cuando éstos componen sólo un 1 % de la atmósfera, retienen el suficiente calor como para regular el clima manteniendo una capa de aire caliente en ella. Sin estos gases, el planeta sería unos 30 grados centígrados más frío y no habría vida en la Tierra tal como la conocemos. El problema del cambio climático surgió a partir de la Revolución industrial, a comienzos del siglo xix basada en productos derivados de fósiles (carbón, petróleo y gas), que emiten gases de efecto invernadero alterando la composición de la atmósfera.
Las últimas conclusiones del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (en adelante «IPCC», por sus siglas en inglés), que es el organismo de Naciones Unidas encargado de analizar el tema, y cuyas conclusiones están muy lejos de ser precipitadas o extremistas, sino más bien todo lo contrario, dan a entender que se ha acumulado mucha evidencia de que los cambios en muchos sistemas físicos y biológicos se deben a las actividades humanas, especialmente a la concentración de gases de efecto invernadero generados por el hombre.
De los gases de efecto invernadero, el que más abundantemente se emite con nuestras actividades cotidianas es el CO2 (anhídrido carbónico o dióxido de carbono), y la fuente más común del mismo es la utilización de productos derivados directa o indirectamente del petróleo y los demás combustibles fósiles, como el carbón y el gas natural, para obtener energía. Los cambios de uso del suelo, tales como la deforestación, suponen otra fuente de emisiones de dióxido de carbono, aunque,en menor escala.
Otros gases de efecto invernadero son el metano, proveniente especialmente de la extracción y transporte de combustibles fósiles, la agricultura, la ganadería y la descomposición de la materia orgánica de la basura en los vertederos, y el óxido nitroso, que proviene principalmente de la actividad agrícola industrial y de la quema de combustibles fósiles.
Aunque un aumento de menos de un grado centígrado puede parecer muy poco para el ciudadano común, los efectos que ya está teniendo ese aumento y las expectativas actuales no son muy alentadoras. Según se desprende de toda la información científica referida a este tema, las temperaturas pueden aumentar hasta finales de siglo entre 1,1 y 6,4 grados con respecto a 1990. Un calentamiento de 1,9 a 4,6 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales (claramente dentro del rango esperado para el siglo XXI), podría llevar a la eliminación de la capa de hielo de Groenlandia y del Oeste antartico, y eso elevaría el nivel del mar entre 6 y 7 metros.
La recomendación de la Unión Europea y de los organismos internacionales, aconsejados por la comunidad científica, es intentar que el planeta no se caliente más que 2 grados sobre el nivel imperante antes de la industrialización. Este propósito no parece muy difícil de cumplir sobre el papel, pero es más fácil decir que hacer, puesto que nuestro planeta ya se ha calentado aproximadamente 0,8 grados desde la industrialización, y si ahora mismo se taparan todas las chimeneas y tubos de escape del planeta, la temperatura seguiría subiendo hasta 1,2 grados.
Las emisiones de dióxido de carbono son indudablemente una de las principales causas del calentamiento. Sin embargo, existen muchos factores que influyen en el sistema climático. Según Bill Haré y Malte Meinshausen, del Instituto para la Investigación del Impacto Climático en Potsdam, Alemania, echar simplemente unas cuentas y determinar exactamente la cantidad de dióxido de carbono que nos podríamos permitir, no es tan fácil. Para detener el calentamiento, sería necesario rebajar la emisión global de dióxido de carbono hasta alcanzar los niveles de 1990 en el 2020, y después reducirlos al 50 % para mediados de siglo.
Pero para conseguir estas reducciones globales los países industrializados deben reducir sus emisiones mucho más. Un 30 % en 2020 y un 80 % en 2050. «Tenemos que darle fuerte al freno.»
Hay que tener en cuenta que en los ecosistemas no se puede hablar únicamente de uno o dos causantes de algo. El funcionamiento de la naturaleza es sumamente complejo y por eso los científicos son extremadamente cautelosos al respecto. Entre los demás factores que influyen en el cambio climático hay que destacar: el aumento de la deforestación, y la consecuente emisión de CO2, y el aumento exponencial de la población mundial en los dos últimos siglos, que obviamente aumenta la demanda de recursos al planeta y agrava la emisión de gases de efecto invernadero.


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