Tipos de agua
El agua es imprescindible para la vida. Los humanos somos en casi tres cuartas partes agua. Reponer este preciado líquido es esencial para garantizar los procesos metabólicos básicos. Obtener agua potable se ha convertido a lo largo de la historia de la humanidad en un requisito básico de toda civilización. Manantiales, ríos y lagos han sido fuentes naturales para aprovisionarse de agua. Sin embargo, en nuestra sociedad la obtención de agua potable se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza de la población dado el elevado grado de contaminación. Actualmente, ni el agua de lluvia está exenta de contaminación. Aunque en esencia el agua de las nubes es agua evaporada por la energía solar y que podríamos definir como agua pura destilada, al precipitarse capta todas las sustancias tóxicas presentes en la atmósfera. Y ya no digamos de las aguas de ríos y manantiales, que llevan disueltas sustancias tóxicas como nitratos, fenoles, radioactividad, insecticidas, detergentes, metales pesados, etc. Todo ello sin olvidar a los microorganismos que aprovechan el alto contenido de materia orgánica para desarrollarse, microorganismos en la mayoría de los casos patógenos y que pueden incluso causarnos la muerte. Ante esta realidad
las autoridades han definido los estándares para definir el agua como potable. Para ello se la somete a un tratamiento físico-químico para extraer las sustancias más tóxicas y los microorganismos patógenos. Sin embargo, esta agua definida como potable no está exenta de minerales y sales diversas que según el origen geológico de donde se obtiene puede contener hasta un total de sólidos disueltos (TDS) en valores de 1.000 ppm (partes por millón).
Agua descalcificada
Comúnmente llamada «agua blanda», es la obtenida después de un tratamiento de descalcificación donde se reducen las sales de calcio y magnesio a los mínimos recomendados por la OMS. El contenido en cal del agua está directamente ligado a la naturaleza geológica del suelo que atraviesa. Por eso varía según la zona en la que se encuentre. Así, un suelo calizo provoca mayores contenidos en cal que un suelo granítico. La descalcificación del agua nos da grandes ventajas en la higiene, el hogar y la protección de instalaciones domésticas e industriales. El agua blanda es ideal para el aseo de la piel y el cabello, también para la colada y la vajilla. Además permite ahorrar hasta un 30% de energía gracias a la disminución de las incrustaciones y su efecto aislante, reduciendo el consumo energético de los calentadores y calderas tanto de gas como eléctricas. El proceso de descalcificación se realiza gracias a la resina de intercambio iónico que contiene el descalcificados Esta resina se agota y se regenera con sal (que es el consumible que se ha de repostar). El proceso de regeneración es totalmente automático.
Hay dos tipos de descalcificadores, los volumétricos y los cronométricos. Los volumétricos calculan a través de un contador incorporado la cantidad de litros que han pasado por el descal-cifícador y cuando llegan al límite dan la orden al descalcifícador para que se regenere. Los cronométricos calculan el tiempo y sirven para cuando existe un consumo de agua constante y se puede calcular en días cuantos litros se consumirán con el fin de introducirlo en el descalcificador y este reciba la orden de regenerarse cuando haya pasado el tiempo.
Agua dura (o calcárea)
El agua calcárea, comúnmente denominada «agua dura», por el efecto de la cal, es un tipo de agua que presenta en su composición una gran cantidad de contenido en cal, un elemento extremadamente nocivo tanto para el cuerpo humano como para los objetos en general, dado que su acumulación obstruye las tuberías, y a mayor dureza así como a mayor temperatura la obstrucción es mayor. La eliminación de la cal evita la formación de depósitos de sarro, oxidación y puntos de corrosión en tuberías e instalaciones. Las aguas duras (con elevada cal) son verdaderamente nocivas para la salud, así como perjudiciales para la higiene corporal: infecciones, picazones, sequedad en la dermis y tacto rugoso. Algunos de los indicios que pueden avisar de la presencia de cal en el agua son fáciles de detectar. Si se observa que el jabón produce poca espuma y se aclara fácilmente, o bien se detecta la presencia de rastros blancos en la vajilla y en los equipamientos sanitarios, o se hallan restos en las calderas y electrodomésticos de los hogares, está claro que la cal está presente en el hogar. Si el agua
es muy calcárea, deben tomarse una serie de precauciones para conservar en buen estado los electrodomésticos, como que la temperatura del agua caliente no sobrepase los 60° C, ya que a mayor temperatura la solidificación de la cal es más rápida, o la utilización de productos antical. La Organización Mundial de la Salud exige que la mejor agua de consumo debe tener una dureza comprendida entre 5 y 10° hidrotimétricos. Actualmente son escasas las regiones donde las aguas de consumo tienen una dureza inferior a 25° y es corriente efectuar análisis que revelan una graduación de 45, 60 e incluso 100° hidrotimétricos. Las sales de calcio y magnesio no son asimilables por el organismo y producen o agravan todo tipo de enfermedades. En la higiene corporal la piel se reseca e irrita, el cabello se muestra apagado, sin brillo natural, debiendo recurrir a cremas y champús especiales para corregir estas agresiones externas. Las aguas duras, al mezclarse con jabones y detergentes reaccionan formando compuestos sólidos que se adhieren a los tejidos, suelos y otras superficies, acortando la vida media de la ropa y atacando las superficies para envejecerlas más rápidamente. El agua dura produce numerosos daños en instalaciones y hogar: se forman incrustaciones que deterioran los elementos de la casa y se consume más energía y detergentes. El agua blanda reduce la formación de incrustaciones de cal, alargando la vida útil de calentadores, griferías, sanitarios y electrodomésticos.