Tratamiento social del agua
El agua es un bien comunitario y patrimonial antes de ser un bien económico. Su estatus económico es particularmente fuerte, ya que su costo de producción y su valor de uso no establecen ninguna relación y están extremadamente diversificados. El valor del agua no se puede reducir a su costo de producción sobre todo antes del uso, subraya Jean Margat, lo que impone que los despilfarres se reduzcan. El reconocimiento del estatus de bien económico del agua implica que su costo integre no sólo la producción sino también "la puesta en condiciones" antes del uso, o sea, su mejoramiento y su renovación a fin de que sean preservadas conservación y reproducción, a través del ciclo hidrológico.
Está claro que no se puede pasar por alto la dimensión social, sobre todo en el marco de las relaciones Norte-Sur. Casi no es realista ni concebible someter el agua a la ley del mercado sin contrarrestar esta medida mediante compensaciones y muy especialmente mediante ayudas destinadas a los más desposeídos. Claro está, el mercado tiene que desempeñar un papel para contrarrestar malos hábitos y empleos extravagantes como en Las Vegas o en los hoteles de lujo y los campos de golf de algunos países turísticos... Pero ¿podrán ser disuadidos aquellos que pueden pagar? No. Pues, en 1994 cuando Indonesia sufrió de una terrible sequía, los habitantes de Jakarta se encontraron sin agua, pero los greens de golf de la capital, terrenos de juego de ricos turistas, nunca se vieron privados de sus miles de metros cúbicos de agua diariamente.
De manera semejante, en 1998, en Chipre, el gobierno, en medio de un período de sequía de tres años que secó todo el sistema hidrográfico de la isla, redujo en 50% el suministro de agua a sus nacionales en el mismo momento en que les aseguraba un suministro de agua más que suficiente a los dos millones de turistas. Más recientemente, los granjeros surcoreanos se armaron de horcas y de azadones para impedir que los camiones bombearan agua para los habitantes de ciudades como Seúl, por miedo a que a sus cosechas les fuera a faltar el preciado líquido. En 2002 el Estado de Madhya Pradesh en India sufrió de una falta de agua tal que los camiones cisterna de agua eran escoltados por guardias armados, sin lo cual habrían sido atacados y robados por las muchedumbres sedientas. El mismo año, en verano, la ciudad de Madras ha debido poner en funcionamiento una enorme flota de camiones cisterna para ir a buscar agua a los pueblos a fin de responder a las necesidades apremiantes de los habitantes de la megápolis.
Frente a las críticas y a las acciones vigorosas como la de Cocha-bamba en Bolivia, los negociantes del agua prueban nuevas técnicas para embrollar el asunto y habituar a las personas a que recurran a sus servicios. Así sucede en la India, donde operan firmas francesas:
"En Bangalor (6,5 millones de habitantes)... los habitantes gozan de una situación relativamente privilegiada. Las 2/3 partes de ellos se benefician de desagüe directo de las aguas residuales. Sin embargo, en algunos barrios el agua se distribuye sólo dos horas cada dos días. La red pública, en mal estado, informa de un 40 a un 50% de fuga. En estos últimos meses los grupos franceses Vivendi y Lyonnaise des Eaux han recibido de la municipalidad, cada uno de ellos, la misión de explotar una zona de un millón de habitantes. Al término de un período de prueba de cinco años se dividirán la distribución de agua en toda la ciudad y sus suburbios y difundirán su experiencia a otras metrópolis, incluida la capital, Delhi. Con una gran práctica probada en otros países en vías de desarrollo los explotadores franceses desean, ante todo, convencer a los habitantes a que paguen el agua corriente a un precio módico antes que recurrir al agua embotellada o a los pozos. Instalan ramificaciones hasta dentro de las villas miserias y se apoyan en los "caíds" locales para que les paguen a un precio de alrededor de una rupia (20 céntimos) por quince litros de agua. Una vez que han adquirido holgura financiera, los explotadores podrán emprender las inversiones indispensables en la red y las plantas de tratamiento."
En pocas palabras: hay que habituar a las personas a que paguen por tener agua, a fin de que ésta sea rentable para los vendedores de agua franceses. Por su parte, el inquieto Presidente de Suez, Gérard Mestrallet, no quiso quedarse a la zaga y, después de haber publicado en las columnas de Le Monde un sorprendente punto de vista al afirmar que "el agua es un bien común" y proponer sus servicios para distribuirla a todos y cada uno, clamando en
un tono melodramático, como si hubiera hecho un descubrimiento, "¡De prisa, el agua es para todos!" y asegurando "Nosotros no somos vendedores de agua. No vendemos un producto, sino que aseguramos un servicio", porque su firma es el líder mundial de la distribución y de la ingeniería del agua; y entonces presenta a Romano Prodi, a Bruselas y a las grandes instituciones internacionales, un "Llamamiento para la verdadera batalla del agua" reafirmando su oposición a la privatización de ese bien natural.
Mestrallet propone a las instituciones públicas acciones asociadas para evitar que el agua se convierta en un "nuevo factor de inestabilidad" en el planeta. Pero los ciudadanos unidos pueden oponerse eficazmente a los vendedores de agua y hacer fracasar sus trampas y sus maniobras. En 1966, los habitantes de Bevaix, en el cantón suizo de Neuchátel, lograron frustrar un proyecto de Nestlé, que pretendía explotar un manantial de excelente calidad ubicado en el territorio de su municipio. En 1996, la sociedad Pauserlax de La Chaux-de-Fonds localizó el manantial de Treytel en el municipio de Bevaix, reputado por su excelente calidad. En seguida, los promotores de Pauserlax presentaron una modesta demanda de concesión para embotellar 20.000 m3, cantidad conscientemente módica para no asustar a la población. Pero se sabe que tras esa operación se perfila la sombra de un gigante agroalimentario, la Nestlé. De inmediato se movilizan las asociaciones... y un centenar de habitantes del municipio escriben para oponerse a la privatización de su manantial. Al divulgarse el asunto ¡Nestlé se bate en retirada y afirma que el agua de Treytel no entra en sus prioridades!
De hecho, el mercado acentúa y exacerba la problemática del agua, debido a los seis factores siguientes:
- la primacía de la rentabilidad,
- la competitividad desenfrenada, incluso si son frecuentes casos de entendimiento y de fijación del precio entre los gigantes del agua,
- el hecho de la carrera en pos de la formación de poderosas redes financieras e industriales gigantes a escala planetaria y que contribuyen a enconar las luchas económicas, incluso geopolíticas, entre países por el dominio de los recursos naturales.
Pero también hay que subrayar las responsabilidades de los Estados-naciones a este respecto, debido al papel de:
- la soberanía territorial absoluta,
- el menosprecio al principio de la comunidad de intereses,
- el menosprecio al principio del uso equitativo y racional del recurso, como se observa entre Turquía, por una parte, y Siria e Irak, por la otra, o como en el caso de Israel, de Jordania y de los territorios palestinos, para no hablar ya del Medio Oriente.
Como se ve, es ineficaz la lógica de la oferta de los profesionales y debe estar contrabalanceada por una gestión más colectiva y más transparente, respaldada por un debate democrático.
Hay que oponer a los vendedores de agua las diversas ocasiones (sobre todo en Mar del Plata, 1997 y en Río, 1992) en que la comunidad internacional ha consagrado "el derecho de todos a acceder al agua potable en cantidad y calidad suficientes para las necesidades esenciales." Además, a partir de ese momento, ese derecho figura en el Pacto Internacional relativo a los derechos económicos, sociales y culturales.