Librarse del CO2 inyectándolo en los sedimentos del fondo del mar
Según un equipo de científicos, los sedimentos de las profundidades oceánicas podrían brindar un depósito casi ilimitado y permanente para el dióxido de carbono generado por las actividades humanas, el gas principal responsable del cambio climático global en curso.
Los autores de este estudio estiman que los sedimentos del suelo marino dentro del territorio estadounidense son inmensos, suficientes para almacenar las emisiones nacionales de dióxido de carbono de los próximos milenios. "Lo más interesante de esta investigación es que ese CO2 inyectado bajo el suelo marino queda atrapado permanentemente", destaca Charles Harvey, profesor del Departamento de Ingeniería Civil y Medioambiental del MIT, uno de los coautores del estudio.
Daniel P. Schrag (profesor de ciencias de la Tierra y planetarias en la Universidad de Harvard) es el director de la investigación.
"El CO2 inyectado en el subsuelo de la Tierra permanece en estado gaseoso y tiene el potencial de escapar de nuevo a la superficie", explica Harvey. "Éste no es el caso bajo el océano a gran profundidad. Como el suelo del océano es muy frío, el CO2 almacenado bajo el mismo se hace líquido, y, siendo más denso que el agua, no puede aparecer nuevamente en la superficie. Además, la parte superior del penacho de CO2 inyectado formará un hidrato, sólido como el hielo, que tapará los espacios de los poros "autosellando" el CO2 inyectado en los sedimentos del fondo del mar".
Uno de los desafíos técnicos y económicos más urgentes de nuestro tiempo es proporcionar la energía exigida por el crecimiento económico mundial sin perjudicar a la climatología de la Tierra.
"Como es probable que los combustibles fósiles, particularmente el carbón, sigan siendo la fuente de energía dominante del siglo XXI, estabilizar la concentración del dióxido de carbono atmosférico requerirá el almacenamiento permanente y seguro de cantidades enormes de dióxido de carbono fuera de la atmósfera", pronostica Schrag.
Los autores del estudio creen que un método de almacenamiento ideal pudiera ser la inyección del dióxido de carbono en los sedimentos oceánicos de cientos de metros de espesor. Con la combinación de las bajas temperaturas y las altas presiones, a 3 kilómetros de profundidad en el océano, el dióxido de carbono se convertiría en un líquido más denso que el agua circundante, eliminando la posibilidad de escape y asegurando virtualmente su almacenamiento permanente.
Inyectar el dióxido de carbono en los sedimentos del suelo marino en lugar de lanzarlo directamente al océano atraparía el gas, minimizando los daños a la vida marina, y asegurando que éste no vuelva en el futuro a la atmósfera a través de la acción de las corrientes oceánicas.
Con las temperaturas extremadamente frías y las altas presiones de las profundidades marinas, el dióxido de carbono abandona su estado líquido para formar sólidos e inmóviles cristales de hidrato, incrementando más aún la estabilidad de sistema.
Los investigadores afirman que guardado así, el gas estaría suficientemente seguro para resistir los terremotos más severos o incluso otras conmociones geomecánicas.
Autor: Elizabeth A. Thomson