Los vertederos de residuos urbanos

Diversos estudios realizados en Estados Unidos demuestran los riesgos para la salud de las personas que viven cerca de un vertedero o que consumen agua contaminada por sus lixiviados. Estos estudios recuperan todo su interés coincidiendo con la aprobación de la Directiva Comunitaria de Vertederos, cuya transposición obligará, sin duda, a un cambio radical en la política de residuos: el 90% de los vertederos controlados existentes en el Estado español no cumple los requisitos que exige la norma europea.

La proximidad de un vertedero siempre puede entrañar riesgos para la salud y para el medio ambiente como consecuencia del transporte de la basura, la acumulación de grandes cantidades de residuos, la inutilización posterior del suelo - incluso una vez sellado el vertedero- y, seguramente los problemas de mayor riesgo, la emisión de gases contaminantes como resultado de la degradación de los residuos y la generación de lixiviados.

La presencia, degradación y reacción de los diferentes tipos de sustancias que se mezclan en un vertedero provocan la emisión de gases que se incorporan a la atmósfera. El gas que se emite en mayores cantidades es el metano (CH4), que se produce naturalmente con la degradación de la materia orgánica. Este gas puede desplazarse lateralmente bajo tierra desde el vertedero antes de ascender a la atmósfera. Es inflamable, contribuyendo a los incendios espontáneos que se producen habitualmente en los vertederos, y durante su combustión se forman gases tóxicos. En lugares cerrados puede causar asfixia.

Otros contaminantes que se han medido entre las emisiones de los vertederos son: cloruro de vinilo, benceno, dibromuro de etileno, cloruro de metileno, percloroetileno, tetracloruro de carbono, 1,1,1-tricloroetileno y cloroformo. Ahora bien, las concentraciones varían desde casi inapreciables hasta muy significativas según los vertederos y según las sustancias. En más de la mitad se producen emisiones medibles de benceno (media: 2,5 ppm), cloruro de metileno (media: 4,8 ppm), percloroetileno (media: 1,1 ppm), 1,1,1-tricloroetano (media: 650 ppb) y tricloroetileno (media: 840 ppb). Las sustancias mencionadas no constituyen la totalidad de las emisiones, sino que en un estudio realizado en Estados Unidos -que abarcó 340 vertederos en el estado de California con el objetivo de detectar la peligrosidad de las emisiones -, se seleccionaron estas diez por sus graves efectos para la salud humana - particularmente cáncer- tras la exposición durante largos periodos de tiempo.

En este mismo estudio se desarrollaron medidas de inmisión - es decir, de las concentraciones en el aire ambiental -, en la zona limítrofe de 288 vertederos. En el 57% de éstos se detectó 1,1,1-tricloroetano (máximo: 51 ppb), en el 49% percloroetileno (máximo: 269 ppb), en el 45% cloruro de metileno (máximo: 1,3%), en el 40% benceno (máximo: 500 ppb), en el 32% tricloroetileno (máximo: 130 ppb), en el 22% tetracloruro de carbono (máximo: 15 ppb), y en un 13% cloroformo (máximo: 32 ppb).

Éste no es el único estudio que demuestra que se producen emisiones de sustancias tóxicas a partir de los vertederos, pero fue la primera vez que se tomaron medidas en varios cientos de vertederos.

No sería posible extrapolar los niveles de inmisión que se recopilaron en este estudio a las inmediaciones de cualquier vertedero, puesto que las condiciones de degradación - humedad, temperatura, etc.- e incluso la composición de la basura, entre otros factores, varían mucho de un vertedero a otro. Sin embargo existen pocos estudios tan exhaustivos, y tomando en cuenta el principio de precaución, si una sustancia contaminante se produce en un solo lugar, existe el riesgo de que se forme en cualquier otro sitio.

Formación de lixiviados

El lixiviado es el líquido que se produce cuando llueve sobre un vertedero y el agua penetra a través de los residuos, arrastrando sustancias químicas consigo, particularmente metales pesados y compuestos orgánicos de diferentes tipos.

Según diversos estudios de la Agencia de Protección Ambiental de EE UU, los lixiviados traspasan siempre las capas de protección, aún en los vertederos mejor controlados. Incluso utilizando los mejores materiales, éstos no son capaces de garantizar a medio y largo plazo la contención absoluta de dichos líquidos peligrosos. Así, los lixiviados traspasan estas capas, lo que tiene graves consecuencias. Otras veces los sistemas de colección de los lixiviados se atascan - si es que el vertedero los tiene- no pudiendo impedir que pasen éstos al subsuelo. Los lixiviados presentan un riesgo para las aguas subterráneas durante miles de años: los sistemas de control de la calidad de las aguas subterráneas no los detectan necesariamente, pero una vez contaminado el acuífero ya no puede ser descontaminado, por lo que el daño es permanente.