El papel y el medio ambiente

El reciclaje tiene una imagen espectacularmente buena en los países desarrollados. Miles de anuncios, notas de prensa y artículos científicos ensalzando sus virtudes son publicados todas las semanas por grupos ecologistas, ayuntamientos y, sobre todo, por la industria. Las grandes empresas compiten entre sí por ostentar su credibilidad verde: Alcan Aluminium anuncia que ha reciclado 56.000 latas traídas a Gran Bretaña desde la Antártida; British Nuclear Fuels patrocina los depósitos de cartón para papeles viejos que se mandan gratis a las oficinas.
Otras promueven proyectos para transformar residuos de polietileno en bolsas de basura, vasos de plástico en perchas o papeles viejos en lechos para vacas. Una gran parte de la publicidad va dirigida a los niños. En la televisión, el ecohéroe de los dibujos animados, el Capitán Planeta, exhorta: "La mejor forma de hacer frente a los residuos es reciclarlos. No lo olvidéis, Planetarios, el poder es vuestro."
El aluvión de propaganda ha conseguido despertar la conciencia pública. "Parece que la gente experimenta un sentimiento de culpabilidad por saber que tanto embalaje inútil va a acabar en un vertedero," dice Inge Brissou, consultora de embalaje. "Se cuestionan si tanto embalaje es realmente necesario, y el acto de reciclar parece exonerarles de esa culpa". Muchos consumidores ahora creen que los problemas complejos del excesivo consumo en el Norte pueden solucionarse sencillamente con reciclar periódicos viejos y romper botellas en un contenedor de vidrio.
La opinión pública está siendo engañada con premeditación y alevosía. Un breve repaso de algunos de los estudios más serios que se han llevado a cabo sobre los residuos es suficiente para refutar la afirmación del Capitán Planeta de que la mejor forma de deshacerse de la basura sea el reciclaje. La agencia norteamericana de protección ambiental (E.P.A.), por ejemplo, ha definido una jerarquía de sistemas de gestión de residuos que coloca la reducción en origen, incluyendo la reutilización de embalajes, por encima del reciclaje, la incineración y el vertedero, en este orden. Un informe encargado por Tetrapak, fabricante de envases de bebidas, concluyó que, en el Reino Unido, tanto botellas reutilizables como envases de papel no reciclables eran menos perjudiciales al medio ambiente que envases reciclados.
La cadena de hamburguesas McDonalds y el Fondo de Defensa Ambiental (EDF) de EE.UU., trabajando en colaboración, llegaron a la conclusión de que los embalajes desechables de papel y plástico son menos contaminantes que envases reciclables de plástico.
Si el reciclaje está reconocido como poco idóneo en muchas situaciones, ¿por qué ha recibido tan amplio respaldo? ¿Por qué no hay campañas publicitarias masivas para promover la reutilización o para reducir el consumo de embalajes innecesarios? Sin duda, algunos activistas ecologistas han descubierto que el reciclaje es una forma muy fácil de conseguir apoyo; y los ayuntamientos han caído en la cuenta de que la ubicación de contenedores para el vidrio y las latas de bebida es una forma sencilla de demostrar su preocupación por el medio ambiente. Pero el entusiasmo fanático de las grandes industrias por el reciclaje requiere una explicación más detallada.

Reciclaje o reutilización

Un documento del gobierno británico define el reciclaje de la siguiente forma: "la recogida y separación de materiales de los residuos y su posterior procesamiento para producir bienes comercializables". Tal definición excluye cualquier otra forma de reutilización. La reutilización quiere decir seguir utilizando un producto en vez de destruirlo o reprocesarlo. Rellenar botellas, lavar platos o regalar la ropa no deseada, son formas de reutilización. Cuando un coche se manda al desguace, el chasis y la carrocería son reciclados, es decir, se funden en acero macizo; pero el motor o el carburador pueden salvarse o reutilizarse colocándolos en otro coche.
La diferencia entre las distintas formas de reciclaje y reutilización está clara, pero a menudo queda empañada. Pueden confundirse también a los consumidores. Son, claro está, conscientes de que el papel higiénico reciclado no es lo mismo que el papel higiénico reutilizado. Pero cuando se les pide "reciclar" ropa vieja en un "contenedor de textiles", del que una parte se manda a los necesitados del tercer mundo mientras que otra parte se reprocesa, la palabra se vuelve más imprecisa. Los ayuntamientos muchas veces se refieren al "reciclaje" de bienes duraderos, tales como el mobiliario de oficinas, cuando quieren decir su reventa, mientras que a los traperos ahora se les llama "recicladores". La confusión se debe al interés de la industria por suprimir la idea de la reutilización, mientras que el movimiento ecologista no ha conseguido promoverla. El comercio internacional de materiales reciclados viene a ser lo mismo que la exportación de residuos indeseables bajo otro nombre. En 1991 EE.UU. exportó 100 millones de kilos de residuos plásticos a una veintena de países del tercer mundo. El dueño de una empresa indonesa de reciclaje de plásticos estimaba que hasta un 40 por ciento de los residuos importados acababan en vertederos locales. Las importaciones bajan el precio que se paga por los materiales locales y amenazan el trabajo de más de 30.000 chamarileros.