Búsqueda frenética

No debe sorprendernos que, en vísperas de la destrucción de los suministros de agua dulce de la superficie de la Tierra, comunidades, granjeros e industrias estén buscando agresivamente el agua que se desplaza libremente por el subsuelo de la Tierra o está retenida en acuíferos más profundos. Una población estimada en 1.500 millones de personas (más o menos una cuarta parte de la población total del planeta) depende actualmente del agua subterránea para beber. Muchas áreas de Asia, incluyendo los países más poblados del mundo —China y la India— obtienen entre el 50 y el 100 % de sus suministros del agua subterránea. Algunos países, como Barbados, Dinamarca y Holanda, dependen casi totalmente de estas fuentes. Aproximadamente un tercio del agua utilizada en Francia, Canadá y el Reino Unido procede de acuíferos, y más del 50 % de los americanos dependen del agua subterránea para sus suministros. Como resultado de esta utilización creciente del agua subterránea para uso diario alrededor del mundo, el bombeo masivo de agua subterránea y el agotamiento de los acuíferos constituyen ahora serios problemas en muchas de las áreas de agricultura intensiva del planeta y están alcanzando niveles críticos en muchas de las grandes ciudades del mundo.
Los acuíferos varían mucho de tamaño. Como explica la naturalista E. C Pielou, para que una capa de agua subterránea funcione como un acuífero, debe, por una parte, ser suficientemente grande como para almacenar un volumen útil de agua y, por otra parte, ser suficientemente permeable como para ser extraída a un ritmo aceptable. Los acuíferos son o bien estancos (cubiertos por una capa de rocas u otros sedimentos a través de los cuales no puede subir el agua) o bien permeables (saturados, de forma que el agua contenida en ellos sube hasta el nivel freático y puede llevarse a cabo una perforación hasta el acuífero sin necesidad de pasar a través de rocas o sedimentos duros). El método más común a la hora de buscar fuentes de agua subterránea es abriendo pozos de prueba o perforaciones en el suelo para buscar nuevos suministros. Si los pozos han sido utilizados durante siglos, la extracción generalizada de agua subterránea por bombeo es un fenómeno de finales del siglo XX, cuando la electricidad y el equipo necesarios se pueden obtener a buen precio.
En muchas zonas del mundo, la irrigación por bombeo fue vista originalmente como un regalo de Dios, porque permitió que las cosechas crecieran cada año. También hizo posible la controvertida Revolución Verde de Asia. Se trató de un experimento masivo, llevado a cabo en muchos países del Tercer Mundo, incluida la India, para asegurarse de que cada hectárea de tierra cultivable produjera cosechas más abundantes.
para alcanzar este objetivo, el monocultivo suplantó a la bio-diversidad, y se utilizaron grandes cantidades de pesticidas y fertilizantes. Si bien es verdad que la cosecha de productos alimenticios se ha incrementado llamativamente, la Revolución Verde está ahora desacreditada, por haber destruido la bio-diversidad, haber elevado el nivel de contaminación química y haberse basado en la irrigación intensiva. Por otra parte, la Revolución Verde enfrentó a unos granjeros con otros, al obligarlos a competir por el agua que en otro tiempo habían compartido y conservado basándose en métodos tradicionales. Esa misma Revolución ha desacreditado los métodos utilizados tra-dicionalmente por la comunidad para hacer frente a las inundaciones, la sequía, y el reparto del agua. Finalmente, la dependencia de la Revolución Verde del uso intensivo del agua, juntamente con los fertilizantes y los pesticidas, sentaron las bases de su propio fracaso.
El agua subterránea plantea otro problema: no puede verse. Los granjeros no saben que un acuífero se está agotando hasta que de repente se seca por completo. Además, la extracción masiva de agua subterránea no sólo provoca el agotamiento de las reservas limitadas de los acuíferos, sino que además reduce el nivel del agua de toda el área circundante. Cuando la extracción excede la recarga, el agua se vuelve progresivamente más cara de bombear y más contaminada con minerales disueltos. Y como básicamente el agua subterránea constituye la principal fuente de agua para riachuelos, ríos y lagos, estas aguas superficiales también pueden agotarse cuando se multiplican las galerías destinadas a explotar los acuíferos, aunque éstos no lleguen a secarse completamente. Los caudales de los ríos disminuyen, las lagunas y los pantanos desaparecen, y el agua salada puede invadir acuíferos vacíos localizados en áreas costeras. Por ejemplo, la calidad del agua en las regiones más pobladas de Indonesia y Filipinas ha sufrido un grave deterioro por la intrusión del agua del mar. En algunos casos, los acuíferos, una vez vacíos de agua, se desploman, especialmente si están localizados en el subsuelo de las grandes áreas urbanas. Así pues, el bombeo de agua subterránea de hecho reduce sin cesar la capacidad de la Tierra para almacenar agua.
La contaminación de las reservas de agua subterránea se ha convertido también en un problema, sobre todo si tenemos en cuenta que el bombeo, la actividad industrial y las operaciones de extracción de petróleo se han expandido internacio-nalmente. Recursos Mundiales, una publicación del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, afirma que, al experimentar los países del Tercer Mundo una rápida industrialización, sus acuíferos, que muchas veces coinciden con las únicas fuentes de agua de una localidad, están siendo contaminados con metales pesados, ácidos, y contaminantes orgánicos persistentes (Persistent Organic Pollutants: POP).
Sólo en la provincia canadiense de Alberta, unos 204 millones de litros de agua, en buena parte procedente de acuíferos, son bombeados hacia pozos de petróleo cada año para incremen-' tar la presión en el depósito y así aumentar la producción. Esa cantidad de agua dulce sería suficiente para abastecer a los 70.000 habitantes de Red Deer durante veinte años. Por desgracia, cuando el pozo de petróleo se agota, el agua que queda en él no puede aprovecharse ni para usos humanos ni en beneficio de la naturaleza. Además de contener niveles concentrados de minerales, ha resultado contaminada por el proceso de perforación de los pozos.
Recientemente, las compañías petroleras y el gobierno canadiense han invertido grandes cantidades en el desarrollo de las «arenas de alquitrán», una zona de arenas bituminosas situada al norte de Alberta, de las dimensiones de New Brunswick, que podría contener aproximadamente una tercera parte de las reservas de petróleo que quedan en el mundo, superiores incluso a las reservas de Arabia Saudita. El proceso de separación del petróleo de las arenas requiere enormes cantida-
des de agua y ya en este momento están disminuyendo los caudales de los ríos y los arroyos de la zona. Es más, según Ja-mie Linton, un experto canadiense en problemas del agua, el proceso contamina hasta tal punto el agua que ésta tiene que almacenarse indefinidamente en lagunas especiales. Más aún, las arenas bituminosas de las capas más profundas tienen que ser recuperadas perforando pozos horizontales e inyectando vapor por debajo del suelo. Este método de extracción requiere nueve barriles de agua para producir un barril de petróleo. Como consecuencia de todo esto, los científicos predicen una grave escasez de agua en la región.
La producción de metano de la capa de carbón también obliga a retirar volúmenes masivos de agua subterránea altamente salina de los acuíferos con vetas de carbón. Un pozo normal desagua 60.000 litros de agua subterránea cada día, descargando el agua salina en ríos y arroyos y destruyendo la vida acuática. Sólo en Montana, hay planes para construir entre 14.000 y 40.000 pozos de metano carbónico en la próxima década. Una estimación aproximada de 24.000 pozos productivos bombearían más o menos 1.300 millones de litros de agua cada día de las reservas de agua subterránea, bajando los niveles freáticos unos 10 metros en diez años y provocando una contaminación salina masiva en el área circundante.
Aumentos exponenciales en el uso del agua como el señalado en el párrafo anterior han llevado al World Resources Institute a lanzar este terrible aviso: «La sed de agua en el mundo se convertirá seguramente en uno de los problemas de recursos más apremiantes del siglo XXI [...] En algunos casos, los recortes de agua son tan elevados, en relación con el suministro, que las reservas de agua superficial se están reduciendo literalmente y las reservas de agua subterránea se están agotando antes de que puedan reponerse gracias a las precipitaciones». En términos económicos, en lugar de vivir de la «renta» del agua dulce, estarnos disminuyendo irreversiblemente el «capital» de agua dulce. A este paso, en un futuro no muy lejano, estaremos en plena «bancarrota» de agua dulce.

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