Conflictos internacionales

Si bien es verdad que en los conflictos del agua muchos activistas han decidido centrar sus campañas de protesta en los gobiernos locales, está claro también que en algunos países ciertos grupos de la sociedad civil no están dispuestos a dejar que los gobiernos nacionales se queden al margen de los problemas. En Francia, por ejemplo, algunos activistas han multiplicado en 2001 sus esfuerzos en favor de un gran debate público sobre la necesidad de que el Parlamento revise la legislación nacional sobre el agua. En Canadá, el gobierno federal está siendo presionado para que dedique importantes recursos financieros a la reconstrucción de la infraestructura pública de los servicios del agua y para que desarrolle una política nacional prohibiendo las exportaciones de agua. Por su parte, las campañas llevadas a cabo por activistas del agua en Ghana y Uruguay pretenden cambiar las políticas y la legislación de sus gobiernos nacionales respectivos. En Sudáfrica, la resistencia en los municipios contra los cortes del agua persigue ante todo que el gobierno nacional cumpla la constitución del país, en la que el agua está consagrada como un derecho humano fundamental. Mientras tanto, en Estados Unidos la presión de los ciudadanos ha contribuido a que, incluso en esta era de globalización impulsada por las empresas, las agencias federales hayan decidido desmantelar las presas que cortan el curso de algunos ríos, una muestra más de que los activistas no han prescindido del todo de sus gobiernos nacionales como vehículos de cambio social democrático.
Paralelamente, las campañas de los ciudadanos en los conflictos relacionados con el agua se están internacionalizando cada vez más. Algunas luchas contra las presas, como las de los habitantes del valle del Narmada, se han convertido en centro de atención para muchos activistas de todo el mundo, no simplemente por el papel que tuvieron en el origen del conflicto instituciones globales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, sino también por los esfuerzos organizativos de grupos de la sociedad civil como International Rivers Network. De manera parecida, la lucha para anular la privatización de los servicios del agua en Cochabamba, Bo-livia, se internacionalizó no sólo por la presencia del Banco Mundial y de actores corporativos globales como Bechtel, sino también como resultado de las iniciativas organizativas de La Coordinadora y sus aliados, incluidas organizaciones como Public Services International. De hecho, la mayoría de los ciudadanos que participan en las acciones comprenden que estas campañas del agua no pueden vencerse únicamente al nivel de la comunidad local. La naturaleza cada vez más globalizada de la industria del agua y el mismo mercado exigen que las campañas de base comunitaria adquieran dimensiones internacionales para que sean eficaces a largo plazo. Esto es así especialmente cuando los gigantes globales del agua se convierten en el punto focal de las campañas de protesta.
Tampoco habría que olvidar que determinados acontecimientos como el Foro Mundial del Agua celebrado en La Haya en marzo de 2000 han resultado ser importantes ruedos internacionales para la acción. De no haber sido por la iniciativa de Proyecto Planeta Azul (Blue Planet Project), tomada por el Consejo de Canadienses (Council of Canadians) el año 2000, y grupos aliados como Public Services International, la mayor parte de los delegados de los diferentes países del mundo únicamente habrían recibido el mensaje dominante —y un bosquejo de lo más incompleto— ofrecido por las corporaciones globales del agua. Es más, a la lucha por los derechos del agua se le está concediendo un lugar prominente en las campañas contra la globalización organizadas contra lo que algunos activistas del movimiento social de la India denominan la «Impía Trinidad»: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio. Durante muchos años, las luchas contra las presas han ocupado un lugar destacado en las campañas internacionales contra el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, pero las protestas masivas organizadas desde 1999 se han centrado también en la utilización que hacen estas instituciones globales de su poder financiero para obligar a los gobiernos a privatizar los servicios del agua. Igualmente, la lucha por los derechos del agua se ha convertido en uno de los grandes temas de la campaña internacional organizada para frenar o cambiar la dirección de las negociaciones en torno al Acuerdo General sobre Comercio en Servicios (GATS) que actualmente se están llevando a cabo en el seno de la Organización Mundial del Trabajo.
Este breve repaso a las luchas que numerosos individuos y grupos de muy diversa naturaleza están sosteniendo en favor de los derechos del agua en el mundo revela que las semillas de la resistencia no sólo han sido sembradas, sino que además crecen y se multiplican. De todos modos, las lagunas y las limitaciones siguen siendo llamativas en este campo. Sin duda, los diversos movimientos organizados hasta ahora en torno a las luchas en favor del agua no acaban de estar a la altura de la crisis global que hoy afecta ya a todo el mundo. Naturalmente, tampoco están a la altura de la situación las élites económicas y políticas que tan decididamente utilizan su poder para promover su «solución» no sostenible. Sin embargo, esta constatación no debería desanimarnos. Al contrario. Sólo hemos recorrido las etapas iniciales de la construcción de un Movimiento global en torno al problema del agua. De cualquier modo, ahora estamos en condiciones de dar algunos Pasos para acrecentar el impulso de las iniciativas tendentes a preservar el agua del mundo, iniciativas que deberíamos unificar en torno a un conjunto de principios compartidos. A decir verdad, ese impulso empieza ya a dejarse sentir a medida que el movimiento en favor de la seguridad del agua se une con otros grupos preocupados por el medio ambiente y la justicia social que tratan de frenar el creciente control de las empresas sobre las reservas de agua del mundo.

 


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