Conservación y recuperación de vías de agua
El contraataque puede adoptar formas muy diferentes, incluyendo la protección de servicios individuales del agua o de cuencas completas (es decir, aquellas áreas cuyas aguas afluyen a un grupo particular de lagos, bahías, ríos o corrientes). Como sucede con otras batallas, la gente se decide a veces a controlar por sí misma estos servicios; en este caso, un grupo de personas optan por trabajar en equipo para restablecer, conservar o revitalizar ríos o cuencas fluviales, que quieren transmitir intactos a las generaciones futuras.
Por ejemplo, en 1990 un grupo de ecologistas americanos denominado Ecotrust trabajó para conservar intacta una cuenta fluvial en el norte de Columbia Británica. En Estados Unidos, este mismo grupo ha participado activamente en la lucha por la conservación de bosques tropicales en otros países, y, efl esta batalla, han cerrado filas con la Primera Nación haisla, cuyos antepasados habían vivido desde tiempo inmemorial & el valle del Kitlope. El valle mismo cuenta con lagos, ríos,
arroyos y una rica llanura de aluvión, y en las aguas del río jCitlope viven nada menos que seis especies de salmón. Tras preparar un inventario ecológico de la cuenca del Kitlope, en 1992 Eco trust y los haisla trabajaron con un grupo de residentes en el área nativos y no nativos para desarrollar un proyecto marco de desarrollo para las tierras vírgenes. Perfilando alternativas a la explotación forestal y la extracción de recursos, el proyecto marco proponía una economía sostenible basada en el turismo guiado, la investigación del ecosistema, la observación de la vida salvaje y los campos de aprendizaje. Para llevar a cabo este plan, en 1993 los haisla y Ecotrust fundaron el instituto «Nanakila» (término haisla que significa «guardar», «vigilar») para entrenar a miembros de la comunidad aborigen a trabajar en estas áreas. Finalmente, este trabajo colectivo se convirtió en base del acuerdo negociado con el gobierno provincial y una compañía maderera (con derechos a explotar la madera de la región) para proteger la cuenca fluvial.
Cientos de millas más al sur, en Oregón, una coalición de residentes de la comunidad ha formado una asociación para salvaguardar la cuenca del Applegate. Esta cuenca, que abarca aproximadamente 200.000 hectáreas, incluye el conjunto de tierras situado alrededor de los sistemas de agua que desaguan en el río Applegate. En otro tiempo, granjeros, madereros y ecologistas mantuvieron frecuentes conflictos en esta región, con repetidos intercambios de improperios. En su día un valle incontaminado, últimamente la cuenca mostraba las señales de un laberinto de claros bien definidos, de carreteras para el transporte de la madera y de lentas corrientes de color terroso. La asociación del Applegate ha conseguido reunir a granjeros, ecologistas, rancheros, madereros, educadores, otros residentes y funcionarios de los departamentos de recursos naturales para elaborar un plan a largo término destinado a devolver la salud a esta cuenca fluvial. Aprendiendo a trabajar en equipo, su lema es: «¡Practica la confianza: "Ellos" es "nosotros"!». Durante algún tiempo, la asociación Applegate trabajó con diversos departamentos del gobierno para desarrollar un plan de «saneamiento del bosque» que contribuyese a recuperar la cuenca fluvial, y posteriormente negoció con las compañías madereras. Estos y otros planes parecidos de recuperación para tierras de cultivo y de cría de ganado en la comunidad han devuelto paulatinamente la vida a la cuenca del Applegate.
La conservación de la cuenca fluvial local fue también el tema común que unió a los habitantes de una ciudad maderera escondida en un rincón del noroeste de California. Durante las décadas de 1970 y 1980 la ciudad de Hayfork, California, se vio sacudida por violentas guerras de la madera que opuso a los madereros contra los defensores del medio ambiente. En 1990, tras una decisión judicial que prácticamente acabó con la industria de la explotación forestal en la zona para proteger el habitat de una especie en peligro, la lechuza moteada, los habitantes de Hayfork comprendieron por primera vez que tendrían que reconstruir su economía local sobre una base más sostenible, si querían sobrevivir como comunidad. En 1992, un grupo de personas que apostaban por la comunidad (entre ellos, ecologistas, madereros, trabajadores del aserradero, propietarios de restaurantes y funcionarios de diversos departamentos del gobierno) empezaron a reunirse con el objetivo común de recuperar la cuenca fluvial local. Pusieron en marcha un Centro de Entrenamiento y de Investigación de la Cuenca y empezaron a entrenarse ellos mismos para la recuperación del área drenada por el meandro sur del río Trinity. En 19931994, con la ayuda técnica del servicio forestal federal, el grupo trabajó en el desarrollo de un plan para un área de cerca de 9.000 hectáreas de la cuenca fluvial. Aunque el plan no implicaba ventas de madera, se iniciaron diversos proyectos para revitalizar los bosques y las vías de agua de la región.
En la costa atlántica de Estados Unidos, concretamente en el Estado de Maine, en julio de 1999 quedó libre el curso de
un río después de haber estado bloqueado por una presa hidroeléctrica durante 162 años. Desde su construcción en 1837, la presa Edwards había provocado graves daños en el ecosistema del río Kennebec y había impedido el paso de los peces. Aunque los propietarios de la presa se habían negado a construir una vía de paso para los peces que ascendían por el río para desovar, algunas poblaciones de peces habían conseguido sobrevivir año tras año aguas abajo de la presa. Durante la década de 1990, diversos grupos conservacionistas, que a sí mismos se denominaron «Coalición del Kennebec», sostuvieron una incansable campaña de presión política y educativa para que la presa fuese desmantelada. Posteriormente, en 1997, la Comisión Federal Reguladora de la Energía tomó la inaudita medida de ordenar, contra los deseos de los propietarios, la desaparición de la presa. Basándose en la campaña de la coalición, y más concretamente en su carta de 7.000 páginas, la comisión había llegado a la conclusión de que los beneficios económicos y medioambientales del río Kennebec fluyendo libremente eran superiores a los que podía ofrecer la instalación hidroeléctrica de la presa. Para celebrar el acontecimiento, la gente llevó durante algún tiempo camisetas de manga corta con una inscripción inglesa que venía a decir: «Río renacido. El Kennebec fluye libre».
La recuperación de cuencas fluviales no es una actividad exclusiva de comunidades de América del Norte. En diversos grados, este tipo de iniciativas de contraataque se están produciendo en todos los continentes. En la India, por ejemplo, los activistas contra las presas han centrado cada vez más su atención en cómo se podría ofrecer agua para el riego y para beber sin depender de grandes presas. Más concretamente, algunas organizaciones de la sociedad civil trabajan con comunidades locales para dar un nuevo impulso a ciertos sistemas tradicionales de recogida de agua. En Sudáfrica, se ha trabajado sobre todo en la organización de «comunidades de captación», es decir, de comunidades que se encuentran dentro del área de captación de la lluvia de un sistema (cuenca) de agua. Corno ejemplos de comunidades de captación en Sudáfrica habría que citar al Grupo de Enlace del Okavango, una coalición regional de grupos comunitarios locales comprometidos con la revitalización del río Okavango y de su delta, y a la Red Medioambiental de Gran Edendale (GREEN), un grupo de base popular que trabaja con diversas organizaciones en el área sudafricana de Pietermaritzburg Msunduzi para crear «un río Msunduzi limpio y seguro para el año 2009».