El «milagro» de China
Los informes más preocupantes acerca de la crisis del agua provienen tal vez del país con el mayor número de habitantes del planeta. China alberga casi la cuarta parte de la población mundial, pero sólo el 6 % de ella dispone de agua dulce. Por todo el país, los pozos se agotan misteriosamente, descienden los niveles del agua freática, y ríos, corrientes y lagos están perdiendo caudal. Como los grandes pozos industriales tratan de alcanzar el agua remanente cada vez a mayor profundidad, millones de agricultores chinos ven cómo sus pozos se vacían.
La mitad occidental de China está formada predominantemente por desiertos y montañas, y el grueso de los 1.200 millones de habitantes del país viven cerca de varios grandes ríos que, con el agua que recogen sus cuencas, no pueden satisfacer tantas demandas. Por ejemplo, en 1972, el río Amarillo por primera vez en la historia no desembocó ya agua en el mar. Aquel año el agua dejó de correr en su tramo final quince días. Desde entonces, el período de sequía se ha ido haciendo mayor. En 1997 dejó de alcanzar el mar durante 226 días. La historia se repite en términos similares con todos los demás ríos de China.
Los niveles del agua en la gran llanura del norte de China —el cesto de la compra de China— descienden metro y medio cada año, y en la actualidad en ocho regiones del norte de China los acuíferos no pueden compensar el agua que se extrae de ellos. Cuatrocientas de las seiscientas ciudades del norte del país se enfrentan ya a graves problemas de suministro de agua, como le sucede por lo demás a más de la mitad de la población de China. Y aunque el agua utilizada previamente por millones de agricultores ha sido desviada hacia Pekín por decisión del gobierno, el nivel del agua en el subsuelo de la capital ha descendido 37 metros durante las cuatro últimas décadas. Se prevé que en Pekín la crisis del agua va a ser tan grave que los expertos se están preguntando si no habrá que trasladar a otra ciudad la sede del gobierno de China.
Estos episodios de escasez se producen en un momento en que los cálculos conservadores prevén que el uso industrial del agua pueda pasar anualmente en China de 52.000 millones a 269.000 millones de toneladas en las dos próximas décadas, y cuando el aumento del nivel de vida está permitiendo que millones de chinos puedan instalar en sus viviendas agua corriente, con duchas y lavabos. El Instituto de Vigilancia Mundial (Worldwatch Institute) pronostica que muy probablemente China será la primera nación del mundo que se verá obligada a reestructurar su economía para responder al problema de la escasez de agua.
El mismo Instituto de Vigilancia Mundial advierte, además, que un recorte brusco en el suministro de agua a los agricultores chinos podría suponer una amenaza para la seguridad de la alimentación mundial. En un futuro no muy lejano, China experimentará una grave escasez de grano porque algunos recursos acuáticos están siendo desviados de la agricultura hacia la industria pesada y el consumo urbano. Los planificadores calculan que en China una determinada cantidad de agua utjlizada en la industria genera más de 60 veces el valor efectivo que si se utilizase en la agricultura.
La respuesta de los dirigentes políticos ha consistido en desviar cada vez más agua delas fuentes rurales para fortalecer su tejido industrial, ahora en fase de pleno desarrollo. Pero si China tuviera que soportar una serie de cosechas propias deficitarias, la demanda resultante de grano importado podría adquirir en ocasiones tales dimensiones que superase las reservas mundiales de grano exportable.
Durante algún tiempo, China podría ser capaz de hacer frente con éxito a las malas cosechas, porque su floreciente economía y enormes excedentes comerciales le permitirán comprar grano al contado. Sin embargo, la demanda creciente provocará la subida del precio del grano importado, lo que a su vez creará malestar social y político en muchas de las grandes ciudades del Tercer Mundo y, en último término, supondrá una amenaza para la seguridad alimentaria global.