Especies invasoras

Otra poderosa amenaza para las especies de agua dulce y para los lagos y los ríos que las cobijan es la introducción de especies no nativas, o «exóticas», en un habitat acuático. Si bien no son un resultado de la contaminación, estas especies son una forma de contaminación, y se han convertido en una amenaza mayor a medida que la globalización y el comercio libre a escala mundial han aumentado la probabilidad de que especies no nativas sean transportadas a zonas donde pueden provocar daños.

Como explica Janet Abramovitz, del Instituto de Vigilancia Mundial (Worldwatch Institute), las especies exóticas viven a costa de las especies nativas de peces, compiten con éstas por el espacio para reproducirse e introducen nuevas enfermedades. Además, estas especies pueden enmascarar la decadencia de un determinado ecosistema. Un lago abastecido artificialmente puede contener cantidades de peces, pero si éstos no forman parte de la cadena natural, el resto de la vida salvaje del lago o de un río puede muy bien estar en declive. Los casos de invasión por parte de especies exóticas abundan.

Por ejemplo, la competencia de un pez no nativo en el lago Victoria, en África, ha provocado la extinción de 200 especies de cíclidos nativos y ha puesto en peligro de extinción a otras 150 especies. La introducción de la perca del Nilo para incentivar la pesca comercial ha eliminado prácticamente la población de peces nativos.


Sin embargo, el caso mejor documentado se refiere a los Grandes Lagos de América del Norte. Hace doscientos años, cada uno de los cinco Grandes Lagos poseía una floreciente comunidad acuática propia. En 1900, el 82 % de la pesca comercial era de especies nativas. En 1966, estas últimas constituían apenas el 0,2 % de las capturas, siendo el 99,8 % restante de especies exóticas, la mayoría de ellas nefastas para las especies locales.

Abramovitz informa que algunas de estas especies exóticas fueron introducidas directamente, como las destinadas a la pesca deportiva, aunque la mayor parte llegaron a los Grandes Lagos a través de los canales construidos por el hombre o adheridas a los barcos. La lamprea ha destruido prácticamente las capturas anuales de la trucha comercial en los lagos Michigan y Hurón, y el mejillón cebra, transportado en 1988 desde el mar Caspio en el lastre de un barco, se extiende actualmente por los lagos principales y por todos los afluentes de la cuenca de los Grandes Lagos, eliminando prácticamente el plancton que necesitan para sobrevivir los peces y los mejillones nativos.

En realidad, los Grandes Lagos son un buen ejemplo de los efectos que tendrán a la larga las diversas amenazas contra el agua dulce que acabamos de describir. Han sufrido pérdida de humedales, deforestación, especies invasoras, calentamiento global y contaminación tóxica masiva. El resultado ha sido una pérdida catastrófica de diversidad biológica.


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