Especulación financiera
Si bien es verdad que las empresas multinacionales son las instituciones básicas de la globalización económica, el motor que sobre todo impulsa la expansión de la economía global no es otro que la especulación financiera en los mercados de capital. A medida que el agua se convierte cada vez más en una mercancía rentable apta para ser comprada y vendida en los mercados globales, más se convierte en objetivo de especuladores extranjeros en los mercados financieros. Y si tenemos en cuenta la creciente escasez del agua dulce disponible, el precio de este recurso vital podría ponerse por las nubes como resultado de la especulación de los inversores en los mercados de mercancías.
Realmente, la economía global está impulsada hoy en buena medida por una suerte de casino financiero, en el que la mayor parte de los inversores se han convertido en especuladores y tahúres. En lugar de comprar participaciones a largo término en empresas productoras de bienes y servicios, los inversores tienden ahora a colocar su dinero en fondos mutua-listas donde pueden especular o jugar con las fluctuaciones en los precios de las mercancías o el valor de las monedas. En otras palabras, la inversión especulativa ha suplantado a la inversión productiva como motor de la economía global. Cada día se mueven en el mundo una media de 2 billones de dólares a través de este casino global, básicamente en forma de inversiones especulativas. Pulsando simplemente una tecla, traficantes de mercancías y de valores pueden mover enormes sumas de dinero en todo el mundo, ya que los sistemas de información electrónica digital les permiten rastrear las fluctuaciones de precios. Aparcando temporalmente su dinero en mercados que ofrecen intereses elevados y a corto plazo, los especuladores de mercancías retiran repentinamente su dinero y lo colocan en otro lugar, desestabilizando de este modo la economía de un país.
David Korten, escritor y antiguo asesor de USAID (Agencia Norteamericana para el Desarrollo Internacional, que ofrece «asistencia para el desarrollo» a otros países), escribe: «En estos momentos el mundo está gobernado por un casino financiero global en el que se mueven banqueros anónimos y especuladores en fondos sin riesgo que actúan con una mentalidad gregaria en el difuso mundo de las finanzas globales. Cada día, estos personajes mueven más de 2 billones de dólares en el mundo a la búsqueda de beneficios rápidos y puertos seguros, haciendo que los tipos de cambio y las bolsas suban y bajen sin relación alguna con la realidad económica subyacente. Sin pensárselo dos veces, hacen y deshacen economías nacionales, venden y compran empresas y obligan a los políticos a estar pendientes de sus intereses».
Como en el caso de otras mercancías, el suelo está siendo arrastrado en estos momentos hacia un mercado de futuros de mercancías que implica especulación sobre los precios del agua. En una conferencia celebrada en marzo de 1998 en París, la Comisión para el Desarrollo Sostenible, de las Naciones Unidas, propuso que los gobiernos acudiesen a las «grandes empresas multinacionales» en busca de capital y tecnología y -abogó por un «mercado abierto» para los derechos del agua y un papel más importante para el sector privado. Las Naciones Unidas prometieron movilizar fondos privados para cubrir las enormes inversiones que serán necesarias para poner en marcha redes y plantas de tratamiento, así como para pagar la tecnología que estaría en condiciones de asegurar el suministro de agua en el futuro. Mientras tanto, especuladores y empresas de inversión se han lanzado a comprar derechos en bloque del agua en áreas de cultivo para vender agua en grandes cantidades a ciudades sedientas, especialmente en Estados Unidos. Por ejemplo, en 1993 los hermanos multimillonarios Bass, de Texas, compraron sin oposición alguna unas 16.000 hectáreas de las tierras de cultivo del valle del río Imperial con el fin de vender agua a la ciudad de San Diego, California, aunque posteriormente el proyecto se vino abajo.
Recientemente, se ha utilizado la expresión «cazadores de agua» para describir esta nueva casta de empresarios. Desde los bosques tropicales del Amazonas hasta los acuíferos que se ocultan bajo los desiertos de África, estos cazadores exploran el planeta en busca de fuentes de agua dulce que luego pondrán en venta en los mercados especializados de París y Nueva York. Es probable que, a medida que el agua se hace cada vez más escasa, oigamos hablar a menudo de estos cazadores de agua.
En enero de , U.S. Filter Corp., actualmente en la órbita del gigante global del agua Vivendi, compró, al norte de Reno (Nevada), un rancho y 17.024.022 metros cúbicos de agua, que pretende enviar por medio de un acueducto hacia la ciudad de Reno para venderla comercialmente. La comunidad local de Lassen County afirma que con esta medida se verá privada de un recurso vital. A comienzos de la década de 2001, el Distrito Metropolitano del Agua de Los Angeles contrató la compra nada menos que de unos 178 billones de litros de agua a Cádiz Inc., la mayor empresa agrícola del Estado, que se propone extraerla de un acuífero que se extiende bajo el desierto de Mojave. El ambientalista Tony Coelho, en otro tiempo poderoso senador demócrata y presidente de la campaña presidencial del año 2000 del candidato Al Gore, sostiene que esta fuente de agua es tan valiosa que no se puede comprar con dólares. Keith Brackpool, el empresario británico que dirige Cádiz, expresa un punto de vista diferente: «Si echamos cuentas, el precio de nuestra agua simplemente se pone por las nubes». En otras palabras, Brackpool puede comprar el agua barata* y venderla a buen precio a las sedientas industrias y habitantes de Los Angeles.
No es, pues, de extrañar que Gray Davis, gobernador de California, haya dicho: «El agua es más valiosa que el oro». De hecho, tanto la compra como la venta de derechos en bloque del agua se ha convertido en un gigantesco negocio en California. Sin embargo, en un mercado privado, el superior poder adquisitivo de metrópolis como Los Angeles y de empresas como Intel podría elevar el coste del agua hasta el punto de hacerla inasequible para los pequeños granjeros, ciudades y pueblos indígenas.
Al mismo tiempo, el dinero se concentra en la financiación de imponentes sistemas de trasvases capaces de suministrar agua y energía por todo el mundo. Según el semanario The Guardian Weekly, General Electric se ha unido con el Banco Mundial y con el inversor internacional George Soros para invertir miles de millones de dólares en un «Fondo Energético Global» (Global Power Fund) que sería utilizado para financiar grandes obras relacionadas con el agua y la energía. George Soros es el mismo personaje que en 1992 se jactó ante John Major, a la sazón Primer ministro de Gran Bretaña, de que los financieros eran más poderosos que los líderes políticos. Para ganar su apuesta, George Soros vendió acciones por valor de 10.000 millones de libras británicas en los mercados financieros globales por 1.000 millones de beneficio; de esta manera, sin ayuda de nadie, forzó una devaluación de la libra británica y desmontó el nuevo sistema de tipos de cambio que había propuesto la Unión Europea.