La arriesgada apuesta de Enron
En el umbral del siglo XXI el mercado global del agua potencialmente lucrativo estaba monopolizado por Suez y Vivendi, dos gigantes empresariales asentados en Francia. Ambas empresas acaparaban entonces más del 70 % del mercado mundial, con actuaciones en más de 130 países. Sin embargo, este mercado se encontraba todavía en sus inicios, por lo que muchos analistas se preguntaban: «¿Quién será capaz de echar por tierra este dominio aplastante?». La mayoría predijo que semejante iniciativa sólo podrían llevarla a cabo las empresas situadas en el nivel dos de la industria global del agua. Después de todo, éstas eran las empresas con el capital y la cuota de mercado global necesarios para plantar cara a Suez y a Vivendi con cierta garantía de éxito. Pero, para conseguir esto, cualquier competidor del nivel dos tendría que contar con las habilidades y la experiencia más especializadas de las compañías del agua situadas en el nivel tres. En estas circunstancias entra en escena la corporación Enron, gigante global de los servicios energéticos, respaldada por la recientemente fundada Azurix.
Enron había crecido a un ritmo espectacular. Su sistema de ventas on-line de energía se había convertido en la página más amplia del comercio electrónico mundial, y su sección de servicios de venta de energía al por mayor estaba distribuyendo gas natural y electricidad en cantidades que duplicaban las de su inmediato competidor. Enron Transportation Services habían sido constituidos para trabajar en colaboración con los gaseoductos de la compañía, mientras que Enron Energy Services, especializados en el comercio al por menor, se preocupaban sobre todo de los usuarios comerciales e industriales de energía. Con este crecimiento, los ingresos de Enron alcanzaron cifras récord. Sólo entre 1999 y 2000, los ingresos totales de Enron crecieron al increíble ritmo del 151,3 %, pasando de 40.100 millones de dólares a 100.800 millones. Durante este período, las ventas de electricidad de la compañía se duplicaron y las de gas natural crecieron en torno al 33 %. La mayor parte de estos beneficios tienen que ver con la crisis energética de California, que Enron supo explotar al máximo. El año 2000 los ingresos totales de Enron superaron a los de Suez y Vivendi Universal juntos, y además Enron no tenía que cargar con una deuda enorme.
En 1998, Enron, de acuerdo con un comunicado de prensa de la propia compañía, se propuso «explotar el movimiento mundial tendente a la privatización del agua». Después de comprar la empresa británica Wessex Water, Enron trató de promocionar a Azurix como filial destinada a desempeñar un importante papel en el campo de los servicios del suministro de agua y del tratamiento de las aguas fecales. Rebecca Mark, una estrella emergente en las filas de Enron, fue nombrada presidenta y directora ejecutiva de Azurix. En cierta ocasión declaró que «no descansaría hasta que toda el agua del mundo fuese privatizada». Lo cierto es que convirtió a Azurix en una empresa capaz de prestar una amplia gama de servicios, como gestión del suministro de agua en los municipios, construcción de plantas de agua, desarrollo de sistemas de distribución de aguas residuales, y determinación de los derivados que deban emplearse para el tratamiento de aguas residuales. A partir de la experiencia de Wessex Water, Azurix se hizo con empresas y concesiones de agua en Argentina, la India, Bolivia, México y Canadá, y formó una sociedad conjunta en Brasil. Por ejemplo, en 1999 Azurix tomó el control de Philips Utilities, una empresa con sede en Canadá que dirige diversos proyectos relacionados con el agua y las aguas residuales en Estados Unidos y Canadá. A medida que todas estas iniciativas se iban haciendo realidad, la propia experiencia comercial y los contactos de Enron en la industria de la electricidad y del gas natural ayudaron a la empresa a abrirse paso en el mercado global del agua.
Las extraordinarias conexiones políticas de Enron constituyeron también un factor clave. En los círculos de Washington era de dominio público que, durante los recientes mandatos presidenciales de George Bush y Bill Clinton, el ascendiente político de Enron llegaba hasta la Casa Blanca. Con la elección de George W. Bush, los vínculos políticos se hicieron al parecer más fuertes todavía. Kenneth Lay, director ejecutivo de Enron, mantiene una posición especialmente privilegiada al respecto. Durante la campaña presidencial del año 2000, Lay formó parte del Grupo de Pioneros de Bush, integrado por las aproximadamente cuatrocientas personas que habían contribuido con 100.000 dólares, o incluso más, a los gastos de su elección. Sin duda, Kenneth Lay ha sido un elemento clave en la junta de asesores sobre Energía de Bush y en el recientemente formado Grupo para el Desarrollo de la Política Energética del vicepresidente Dick Cheney. Además, Enron ha hecho sustanciales donaciones en efectivo, incluyendo 300.000 dólares para la fiesta inaugural del presidente George Bush y un total de 387.848 dólares para los candidatos durante el ciclo electoral del año 2000. Por otra parte, Enron ha ejercido un influjo destacado en los grupos de presión de los grandes negocios, tales como la Coalición de las Industrias de Servicios, la junta del Consejo Nacional de Comercio Exterior y el Consejo de Estados Unidos para el Comercio Internacional.