Los grandes lagos, en peligro

Formados originalmente hace miles de años (entre 12.000 y 20.000 años) a partir del agua de los deshielos glaciares, los Grandes Lagos contienen un 20 % del agua dulce de todo el mundo, lo que los convierte en el sistema más amplio de agua dulce del planeta. Son tan vastos y profundos que cada año únicamente se renueva la capa superior de 75 centímetros, es decir, el 1 % del volumen total de sus aguas. Sin embargo, en todos y cada uno de los lagos y a diversas profundidades se han encontrado niveles elevados de dioxinas, bifenilos poli-clorados (PCB), foranos, mercurio, plomo, y cantidades apreciables de otras sustancias químicas nocivas. La mayor parte de estas sustancias han hecho acto de presencia en los lagos durante los últimos cincuenta años, y provienen de fuentes industriales y urbanas, a través del agua contaminada, tanto subterránea como superficial, que arrastran bástalos lagos los ríos y sus afluentes, e incluso el aire.
Cada año, la cuenca que forma el entorno de los lagos ge­nera entre 50 y 100 millones de toneladas de residuos peli­grosos. Sólo los pesticidas suman 25 millones de toneladas. La Comisión Conjunta Internacional, que supervisa la manera como Canadá y Estados Unidos gestionan los Grandes Lagos, informa que en la actualidad existen en la zona importantes concentraciones de residuos radiactivos procedentes de las centrales nucleares. Y la Agencia para la Protección Medioam­biental (EPA) de Estados Unidos ha señalado que, de aproxi­madamente las 100.000 zonas de los alrededores de los lagos que utilizan las industrias para descargar residuos con peligro­sas sustancias químicas, más de 2.000 contaminan directa­mente el agua subterránea.
Muchas de estas toxinas no se descompondrán nunca. Es más, en virtud de un proceso denominado bioacumulación, esas toxinas ascenderán en la cadena alimenticia con mayores nive­les de concentración en cada nuevo estadio. El aumento total de la concentración desde su punto de partida hasta alcanzar la cima de la cadena, representada por los seres humanos, puede ser de hasta un millón de veces. Environment Canadá, una de las páginas web del gobierno canadiense, afirma que una per­sona que coma truchas del lago Michigan estará expuesto a más PCB en una sola comida que si durante toda su vida bebe agua del lago.
Los Grandes Lagos han sido utilizados como zona común de vertidos industriales. El resultado es que en la actualidad menos del 3% de sus riberas son aptas para bañarse, beber agua o cobijar cualquier tipo de vida acuática. En Estados Uni­dos, la organización ecologista The Nature Conservancy ha identificado 100 especies y 31 comunidades ecológicas en pe­ligro dentro del sistema de los Grandes Lagos y observa que la mitad de ellas no existen en ningún otro lugar. Por otra par­te, la polución de los lagos se extiende también a los ríos que vierten en ellos sus aguas, con el consiguiente peligro para las especies que viven en ellos. Entre los animales afectados y en peligro está la ballena beluga del río San Lorenzo, que mues­tra en su cuerpo los efectos evidentes de las sustancias quími­cas tóxicas presentes en los lagos.
Por otra parte, los Grandes Lagos están perdiendo agua, en parte debido a las extracciones de agua subterránea, que re­presenta aproximadamente la mitad del volumen de agua que reciben los Grandes Lagos en su parte norteamericana, y más o menos el 20 % en la parte canadiense. La fuerte competen­cia que existe por hacerse con el agua de estos acuíferos está privando a los lagos de esta fuente de abastecimiento. Además, el calentamiento global está teniendo terribles consecuencias. El nivel del agua del lago Superior no había estado tan bajo desde 1926, y desde el invierno de 1993-1994 se reduce cada año su capa de hielo, en otro tiempo de amplias dimensiones. Scientists at Great Lakes United, un grupo ecologista en el que participan ciudadanos norteamericanos y canadienses, pronos­tican que, de continuar al ritmo actual el calentamiento global, la temperatura de los Grandes Lagos aumentará en los próxi­mos cien años más de 9° C, y el nivel del agua descenderá un metro en todos los lagos y hasta 2,5 metros en el lago Michi­gan. Al ritmo actual, en menos de cuarenta años, el caudal que los Grandes Lagos envían al río San Lorenzo habrá disminui­do una cuarta parte, lo que podría implicar que otro gran río del mundo no consiga ya alcanzar el mar.
El agua de los Grandes Lagos está amenazada también por las perforaciones petrolíferas en sus riberas. En Michigan, por ejemplo, el gobierno del Estado prevé otorgar licencias para perforar nueve grandes pozos en la ribera del lago Hurón y 20 licencias en la ribera del lago Michigan, y esto a pesar de las advertencias de los ecologistas norteamericanos y cana­dienses sobre los efectos desastrosos que esta iniciativa podría tener. Desde 1995, Ontario ha estado otorgando tranquilamen­te cada año unas 20 licencias para perforar pozos más peque­ños, ignorando las repetidas predicciones de futuros vertidos de petróleo en los lagos.
Con el paso del tiempo, los Grandes Lagos se han visto expuestos a un nuevo peligro al perder los extensos humedales que en otro tiempo flanqueaban sus riberas, actuando como parachoques contra el mal tiempo y protegiendo sus riberas de las olas. Estas barreras naturales han sido eliminadas inexora­blemente por la industria y la urbanización. En la actualidad sólo se conserva el 20 % de los humedales originales, pero es­tán disminuyendo al ritmo de 8.000 hectáreas al año. De ma­nera parecida, los extensos bosques que en otro tiempo ocu­paban el área han sido talados en su inmensa mayoría. De los bosques de pino blanco que antes cubrían casi la mitad de la re­gión sólo se conserva un 1 %. Su rol en el control de la ero­sión y la eliminación de los contaminantes no ha encontrado un sustituto, y los Grandes Lagos están sufriendo las conse­cuencias.


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