Luchas fronterizas

Cerca del 40 % de la población mundial se abastece en las cuencas fluviales de los 214 ríos principales, compartidos por dos o más países. A medida que el agua se aleja de su fuente, es desviada para el consumo humano, el riego y la producción de electricidad, lo que deja a los países situados aguas abajo de los ríos en una posición vulnerable. Muchos países de las áreas con escasez de agua comparten también las aguas de algunos lagos y acuíferos. Con más personas disponiendo de menos agua, el impacto social, político y económico de la escasez de agua se está convirtiendo en factor de desestabilización entre los países. Incluso dentro de un mismo país, pueden surgir disputas entre diversas jurisdicciones políticas. Por ejemplo, el alcalde de la ciudad de México ha pronosticado que, si no se encuentra pronto una solución para el problema del agua de la ciudad, en un futuro no muy lejano podrían estallar conflictos en el valle de México. Por su parte, en Estados Unidos la Corte Suprema ha admitido a trámite una disputa entre Nebraska y Kansas por el uso del agua del río Republican. Kansas ha acusado a Nebraska de permitir, de forma irregular e ilimitada, la perforación de pozos y el bombeo de agua de la cuenca del río, lo que ha agotado el caudal de agua en Kansas.
De todos modos, la mayoría de las disputas fronterizas se producen entre países. En 1997, por ejemplo, Malasia, que suministra cerca de la mitad del agua de Singapur, trató de cortar el suministro después de que Singapur criticara la política del gobierno malasio. En África, las relaciones entre Botswana y Namibia han quedado profundamente deterioradas por los planes de Namibia de construir un acueducto para trasvasar agua del río Okavango, compartido por ambas naciones, hacia la zona oriental de Namibia. Más al norte, Etiopía proyecta trasvasar más agua del Nilo, a pesar de que Egipto depende esencialmente de este río para el riego y la electricidad. Otras tensiones han tenido su origen en los planes de Turquía para construir una presa en el río Eufrates, que dicha nación comparte con Siria e Irak. A Bangladesh se le presentó un gravísimo problema cuando la India desvió agua dentro de sus fronteras. Bangladesh depende efectivamente del agua de ríos que fluyen de o a través de la India, pero en la década de 1970, teniendo que hacer frente a nuevos problemas para asegurar el suministro de alimentos, la India trasvasó el agua de estos ríos a sus propios sistemas de riego. Bangladesh se quedó sin agua.
Tuvieron que pasar más de veinte años para que ambas naciones firmaran un tratado que, finalmente, reguló el reparto del agua y puso fin a sus disputas.
En 1992, Eslovaquia, a la sazón una provincia de Checoslovaquia, desoyó las objeciones de los ecologistas y dio comienzo a las obras de la presa de Gabcikova en el río Danubio, a lo largo de la frontera con Hungría. Los húngaros habían participado en este proyecto, pero en 1989 dieron marcha atrás ante el empuje creciente del movimiento ecologista. En 1993, ambos contendientes aceptaron que fuese la Corte Internacional de Justicia de La Haya la que decidiese el litigio, aunque gran parte del daño ya se había producido. El nivel del agua en el Danubio había descendido notablemente, lo que ha provocado el desecamiento de miles de hectáreas de bosques y humedales y ha reducido las capturas de peces en un 80 % en el curso inferior del Danubio.
Volviendo a América del Norte, las disputas sobre el control y el uso del agua subterránea a lo largo de la frontera norteamericana-mexicana amenazan con crear graves tensiones. En primer lugar, el acuífero del bolsón de Hueco, que proporciona agua a los servicios municipales de poblaciones como Las Cruces, El Paso y Ciudad Juárez (México), está en vías de agotamiento. Además, Estados Unidos proyecta la construcción de un importante canal de riego que llevaría agua al Imperial Valley de California. Estos y otros muchos proyectos de extracción de agua amenazan con agotar el agua subterránea a lo largo de la frontera. Aunque existe un tratado entre ambos países que regula el uso del agua superficial, por desgracia aún no se ha alcanzado un acuerdo general sobre el agua subterránea, y por lo tanto los conflictos que surjan entre ambos países en este campo deberán solucionarse caso por caso.
En la frontera septentrional, los conflictos relacionados con la utilización del agua aumentarán con toda seguridad entre los 40 millones de habitantes de ocho Estados norteamericanos y dos provincias canadienses que comparten la cuenca de los Grandes Lagos. Con los niveles del agua descendiendo, las nuevas demandas de los cientos de nuevas comunidades desparramadas alrededor del área de la cuenca (demandas que han sobrepasado el suministro local) están forzando el sistema de los Grandes Lagos hasta el límite de su capacidad. Wi-lliam Ruoff, alcalde de Webster, Nueva York (2.500 habitantes), descubrió precisamente lo polémicas que podían llegar a ser las cuestiones relativas al agua cuando publicó un anuncio en los periódicos The Wall Street Journal y The New York Times ofreciendo vender unos 7,5 millones de litros de agua de pozo «clara y cristalina» al mejor postor. Ruoff dio marcha atrás cuando la Asociación de Primeros Ministros y Gobernadores de los Grandes Lagos le informó que en realidad estaba vendiendo agua del lago Ontario y que no tenía derecho a hacerlo.


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