Muriendo de sed
De cómo la crisis global del agua amenaza a la humanidad
La crisis mundial del agua está ejerciendo un impacto devastador en la calidad de vida de miles de millones de ciudadanos del mundo que se ven atrapados entre la doble realidad de, por una parte, la escasez del agua y, por la otra, la contaminación del agua. De hecho, la crisis del agua al intensificarse actúa de arbitro de vida y muerte para un número creciente de personas. Además, se está convirtiendo en asunto de dura competencia y lucha en el seno de las sociedades y clases sociales y entre las diversas naciones.
Los 3.400 kilómetros conocidos como la maquiladora, es decir, las zonas dedicadas a la fabricación de productos con vistas a la exportación en la frontera entre México y Estados Unidos, son verdaderas sentinas tóxicas. Los ríos y arroyos de la región están tan contaminados que sólo el 12 % de sus habitantes tienen acceso al agua limpia, y muchos residentes viven en casas sin alcantarillado de ningún tipo. En los barrios de chabolas y chozas de cartón que rodean las zonas de libre comercio, donde la inapreciable agua de beber se sirve por medio de un camión cisterna una vez a la semana, la ausencia de agua dulce se ha convertido en un símbolo de la pobreza del millón largo de personas que han acudido a la zona durante los cinco últimos años.
Y el agua inmunda de la región es portadora de enfermedades y provoca graves diarreas. Aunque los residentes beben del agua que trae el camión cisterna, utilizan el agua local para cocinar y bañarse, así como para regar sus cultivos, que por lo tanto resultan peligrosos para el consumo humano.
La inmundicia de la maquiladora, su agua mortífera y su pobreza escuálida empuja a miles de jóvenes mexicanos a abandonar su país natal. Cada noche, se encaminan a la frontera y tratan de entrar ilegalmente en Estados Unidos en busca de una vida mejor. En los cruces las bandas están llamativamente sucias y son peligrosas. Autopistas de seis carriles separan a ciudades como Tijuana y Juárez de las desoladas franjas de suciedad donde se reúnen los hombres al atardecer.
Una abrupta pendiente de cemento conduce a un río de desechos químicos y de residuos fecales de unos 67 centímetros de profundidad que se mueve lentamente. En la otra parte, el muro de cemento se eleva formando un ángulo de 90 grados, rematado en la parte superior por una gigantesca valla de alambre de espino electrificado e iluminado por reflectores.
El hedor a lo largo de la franja es insoportable: excrementos humanos y animales, condones y jeringuillas utilizadas, y montones de basura que se mezclan con el riachuelo hediondo de aguas residuales que los hombres deben atravesar para alcanzar la otra orilla. Los residuos químicos y las defecaciones se adhieren a sus pies y penetran en sus zapatos. Tanto si logran penetrar en Estados Unidos como si son sorprendidos por las patrullas de seguridad norteamericanas y son devueltos a México, han tenido que atravesar este mortífero y maloliente río y tal vez tengan que volverlo a hacer en otra ocasión.
En los cruces se encuentran también las personas que no logran encontrar trabajo en la maquiladora. Merodean cerca de la frontera por la noche, vendiendo tacos fritos, preservativos, drogas y bolsas de plástico. Hasta los más pobres de entre los posibles inmigrantes ilegales están dispuestos a soltar el poco dinero que tienen para envolver sus pies con bolsas de plástico, para protegerlos del agua envenenada.