Planeta en peligro
De cómo la crisis global del agua pone en peligro el planeta y otras especies
David Suzuki, especialista canadiense en temas de medio ambiente, explica el concepto de «destrucción medioambiental en progresión geométrica» a auditorios de todo el mundo. Según él, los problemas medioambientales no crecen de forma lineal, paso a paso.
Ninguno de nosotros puede abarcarlos con la mirada en su totalidad. Ni siquiera podemos ver la mayoría de esos problemas. Un ecosistema puede ser atacado de mil maneras y por mil causas diferentes. Pero, teniendo en cuenta que semejante ataque no se realiza de acuerdo a una estricta progresión que tú puedas controlar, un ecosistema puede parecer sano en un momento determinado y estar muerto al día siguiente. No se trata de dos más dos, cuatro más cuatro, u ocho más ocho, sino de dos veces dos, cuatro veces cuatro, dieciséis veces dieciséis, etcétera.
Suzuki utiliza una especie de acertijo para ilustrar este punto. Les pide a sus oyentes que se imaginen un lago en el que hay un nenúfar. Les explica que los nenúfares son buenos mientras no se multiplican excesivamente. Si su reproducción está controlada, los nenúfares y el lago pueden coexistir perfectamente. Pero si los nenúfares cubren toda la superficie del lago, al agua le faltará oxígeno y el lago morirá.
Ahora, diceSuzuki, tenemos un lago y un solo nenúfar. Al cabo de sesenta días, el nenúfar se habrá reproducido en progresión geométrica, y el día sexagésimo los nenúfares cubrirán toda la superficie del lago, que sin duda morirá. Pregunta Suzuki: ¿qué apariencia tendrá el lago al cabo de cincuenta y nueve días? La respuesta es que, para esa fecha, el lago estará cubierto a medias de nenúfares y que, por tanto, parecería estar en perfectas condiciones.
Si la destrucción medioambiental avanzara paso a paso, para solucionar un problema dispondríamos exactamente del mismo tiempo que el problema necesitó para desarrollarse. Uno más uno. Podríais pasar revista a los problemas cada día y evaluar el peligro. Pero, tratándose de una progresión geométrica, el efecto acumulativo de todos los factores problemáticos actúa a la vez, y no siempre avisa del peligro. Aplicando este análisis, Suzuki podría afirmar que, en lo que se refiere a la seguridad del agua, el planeta se encuentra ya en el día 59.
Los sistemas de agua dulce son a la vez desproporcionadamente ricos y desproporcionadamente frágiles. Aunque en comparación con los continentes y los océanos ocupan un área pequeña, acogen en su seno una proporción más alta de especies por unidad de área que los otros dos entornos: un 10 % más que los continentes y un 150 % más que los océanos.
El 12 % de todas las especies animales, incluido el 41 % de todas las especies reconocidas de peces, viven en el agua dulce, que a su vez ocupa menos del 1 % de la superficie de la Tierra. Por desgracia, a lo largo de las últimas décadas, por lo menos un 3 5 % de todas las especies de peces de agua dulce o se han extinguido o están amenazadas y en peligro de extinción. En cualquier caso, han desparecido sistemas enteros de fauna de agua dulce. En Norteamérica, los animales de agua dulce tienen cinco veces más probabilidades de verse en peligro de extinción que los que viven predominantemente en tierra.
Más preocupante aún es el ritmo actual al que se producen las extinciones. La prestigiosa revista Science informa que el ritmo de las extinciones recientes es entre cien y mil veces más alto que en el período anterior a la existencia de los seres humanos, y, si al final de este siglo se extinguen especies no amenazadas, la desaparición de esas especies acelerará el ritmo de las extinciones de forma generalizada: hasta entre mil y diez mil veces los niveles prehumanos. Según el biólogo Jonathan Coddington, de la Institución Smithsoniana, citado por Janet Abramovitz en un artículo sobre «ecosistemas sostenibles de agua dulce», tendremos que contar con un «déficit en biodiversidad», en el sentido de que los ecosistemas y las especies se destruirán a un ritmo más rápido que el que sigue la naturaleza para crear otros nuevos.
Esta catástrofe todavía no «se ha producido». Es en parte el resultado acumulativo de un conjunto de ataques desencadenados por los seres humanos contra los sistemas de agua dulce del planeta, asaltos que continúan produciéndose cada día.