Energía mareomotríz
La energía mareomotriz utiliza la fuerza de la gravedad de la Tierra, la luna y el sistema solar. Autores de ciencia ficción han descrito civilizaciones futuras que extraen prácticamente toda su energía de esta fuente limpia y renovable, con la consecuencia de un paulatino descenso de la órbita de la luna hasta que ésta está tan cerca de la Tierra que la fuerza de la gravedad la hace pedazos. Pero ese lejanísimo futuro no debe ser óbice para que empecemos ahora a crear pequeñas centrales mareomotrices.
Existe un proyecto de una central maremotriz en el estuario del Severn. Este proyecto obtuvo el apoyo entusiasta del profesor lan Fells en un congreso en Dartington Hall, en Devon, en junio de 2004. El profesor afirmó que la central mareomotriz de Severn costaría unos diecinueve mil millones de euros pero que, puesto que podría cubrir casi el 6 por ciento de las necesidades energéticas totales del Reino Unido, la consideraba una oportunidad de negocio muy atractiva. En La Ranee, cerca de Cherburgo, en Francia, una central similar aunque más pequeña lleva en funcionamiento muchos años y su energía complementa el sistema eléctrico francés, que es básicamente nuclear.
Actualmente están en marcha varios proyectos experimentales a lo largo de las costas del Reino Unido que aspiran a obtener energía de los movimientos del mar. Algunos utilizan el movimiento de las olas, otros las mareas y otros las corrientes que circulan en el mar fruto de las mareas.
En el número de octubre de 2004 de Chemistry and Engineering News puede hallarse una excelente panorámica del estado actual de la energía mareomotriz. Aunque estos proyectos valen la pena como experimentos y para ganar experiencia sobre el terreno, no debemos esperar que ni siquiera los más prometedores contribuyan a suministrar una parte relevante de la energía que necesitamos antes de que hayan transcurrido al menos veinte, y probablemente, cuarenta años.
Se suele olvidar que casi todos los avances importantes de ingeniería —como la energía a vapor, el suministro eléctrico, la radio, la televisión, el teléfono o la aviación comercial— tardaron unos cuarenta años desde que empezaron a suscitar entusiasmo hasta que se generalizó su aplicación en el primer mundo. No veo señales de que este período de gestación pueda abreviarse, excepto quizá cuando el imperativo de una guerra obliga a toda una nación a actuar al unísono.

Este proyecto de central mareomotriz utiliza la fuerza de las corriente marinas como energía para producir electricidad.