Energía solar

No es sorprendente que en la antigüedad se rindiera culto al sol. Es la principal fuente de todo lo que necesita la vida de la Tierra. No sólo nos calienta con un suministro constante de 1,35 kilovatios de energía por metro cuadrado de la superficie que alumbra sino que, además, nos aporta la luz que permite la fotosíntesis de los organismos vivos y, en última instancia, nos alimenta y nos dio los combustibles fósiles que ahora utilizamos. Por encima de todo, el sol proporciona a Gaia la energía para regular nuestro planeta.


¿Por qué diantre, se preguntará usted, no podemos entonces utilizar directamente la energía solar? Sin duda debe de tener un potencial que sobrepase incluso nuestras necesidades actuales.
Desde luego, la luz del sol se puede convertir directamente en electricidad de muchas formas distintas. Podemos captarla con grandes lentes o espejos y utilizar el calor que genera para mover un motor a vapor conectado con un generador. Podemos conseguir electricidad directamente de placas solares. Éstas suelen estar fabricadas con silicio, el elemento que hace posibles muchos de los aparatos electrónicos que utilizamos actualmente.

Estas placas solares hacen que partículas de alta carga energética de la luz solar, los fotones, desprendan electrones de los cristales de silicio. El flujo de esos electrones es la corriente eléctrica que produce la placa solar. Los paneles solares son muy valiosos e impulsan a los numerosos satélites construidos por el hombre que orbitan alrededor de la Tierra y que permiten una transmisión casi inmediata de la información, televisión a escala global y la vigilancia del aire, el mar y la tierra. Se usan también en lugares remotos, como montañas y desiertos, que están demasiado lejos como para hacer llegar a ellos los tendidos de cable de cobre de las líneas eléctricas.


Pero las placas solares no están todavía lo bastante desarrolladas como para poder suministrar energía directamente a hogares o centros de trabajo, sobre todo porque, a pesar de los treinta años que se lleva de investigación, siguen siendo muy caras de fabricar. En el Centro de Tecnologías Alternativas, situado en Gales, hay una casa experimental con el tejado hecho exclusivamente de placas solares de silicio. En verano produce unos tres kilovatios de electricidad, pero el coste de la instalación fue similar al de la propia casa y la duración media de esos paneles es de unos diez años. Por otra parte, la luz solar, como el viento, es intermitente, y sin métodos de almacenamiento adecuados, sería una fuente de energía poco adecuada en determinadas latitudes.

Se está realizando un enorme esfuerzo científico para producir placas solares baratas a partir de materiales plásticos que pudieran ser manufacturados industrialmente. Hasta donde yo sé, la producción de una placa solar barata, de larga duración y que convierta de forma eficiente la luz solar en electricidad todavía no se ha logrado, y no hay fuentes de energía solar a gran escala económicamente viables y que pudieran aportar un suministro a gran escala. Esto último es especialmente cierto en las regiones templadas del norte del planeta, en las que el sol en invierno brilla muy bajo en el cielo y éste está a menudo nublado.


Si se pudiera disponer de un transformador de luz solar en electricidad de una eficacia del 25 por ciento y que fuera barato, podría estar bien recubrir los tejados con él y conseguir con ello una notable cantidad de energía adicional. Pero aun así, igual que sucede en el caso de la energía cólica, la intermitencia del suministro de luz solar haría imprescindible un medio eficaz de almacenamiento de energía que actualmente no existe. Me cuesta creer que plantas de energía solar a gran escala en las regiones desérticas, donde la intensidad y constancia del sol serían las adecuadas, pudieran compararse en términos de coste y fiabilidad con la energía de fisión o fusión, especialmente teniendo en cuenta el coste del transporte de la energía.

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Parque solar de Puertollano (Ciudad Real, España)

 

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